City of Grey Skies
Interlude
Night Sky
By DiAnn
Lo de ir a la nueva galería había sido una excelente
idea, más allá de las modernas instalaciones o las lujosas tiendas, aquella
tienda de videojuegos con versiones importadas había sido la delicia para ambos
chicos, quienes ahora regresaban con las carteras prácticamente vacías pero
toneladas de juegos de parte de uno y el comprobante de pre-orden de la nueva
consola de última generación próxima a salir de parte de otro.
La tarde había sido más que divertida y antes de darse
cuenta esta había comenzado a caer, provocando una avalancha de llamadas de
parte de Mercedes. Para fortuna de Matías, su madre adoraba a Jacob, y era
viernes, por lo que su petición para quedarse a dormir en la casa del
estudiante de medicina no recibió demasiados peros antes de ser concedida. Y
esa era la cereza en el tope de su día.
El joven pelinegro había sentido a su estómago llenarse
de mariposas ante la perspectiva de volver a pasar la noche en la casa de
Jacob, más específicamente en su cama, entre sus brazos. Pero hay que recordar
que la galería se encontraba al otro lado de la ciudad y en el transcurso del
regreso la noche cayó completamente a pesar de no ser tan tarde; las maravillas
del invierno, pensó el jovencito, quien había tenido tiempo de sobra para que
su exaltación se disipara mientras contemplaba el cielo nocturno gracias a que
le habían retirado la capota al convertible kilómetros atrás.
-Hay muy pocas estrellas- comento de pronto el
pelinegro, provocando que los ojos azules de Jacob se posaran en él para luego
elevarse al firmamento, donde unas pocas estrellas brillaban cerca de una luna
menguante que apenas iniciaba su ascenso.
-Es culpa de la ciudad- contesto el castaño volviendo a
concentrarse en el camino, esperando a que el semáforo cambiara de color. -En
la carretera el cielo nocturno es completamente diferente- agregó con un
suspiro que al chico de ojos verdes le sonó a nostalgia. Maty se giró en su
asiento convertido en cama para observa a su novio, recordando. Jacob no era de
la ciudad, aunque ahora perteneciera a ella, ¿O acaso el joven castaño deseaba
regresar a su lugar de nacimiento? Un lugar con menos cielos grises y más
estrellas. El más joven divagaba mientras dejaba vagar a sus ojos por la línea
de la mandíbula del ojiazul.
Un nuevo alto provocado por otra luz roja le dio la
oportunidad de mirar al chico de ojos verdes, cuya mirada llevaba un buen rato
soportando. Matías estaba acostado sobre su costado izquierdo lo que provocaba
que la curva de su cintura se marcara aún más, sus ojos esmeralda clavados en
él, su expresión indescifrable.
El castaño le regalo una suave sonrisa al pelinegro,
pasando su mano por el rostro del menor, quien cerró sus ojos restregando su
mejilla contra la palma abierta del otro. Jacob sonrío aún más por aquel acto
casi felino, un sentimiento cálido esparciéndose por su pecho cuando Maty tomo
su mano en un intento de prolongar ese contacto, finalmente el cambio de luces
forzándolos a romperlo.
El resto del camino transcurrió en paz, una atmósfera que encerraba una cálida tensión los envolvía a pesar de dejar al viento
nocturno alcanzarlos. Y como si la ciudad se hubiera sincronizado con ellos,
todo parecía extraordinariamente calmado, el silencio acompañándolos incluso
hasta dentro de la casa del futuro médico.
-No las enciendas- susurró Matías, apenas y rasgando el
silencio. Jacob haciendo como le pedía.
Los dos chicos dejaron sus compras en el auto, nada
cabía en sus mentes ahora aparte de la idea de estar juntos, siendo el menor
quien caminaba al frente y a obscuras, conocía esa casa ya tanto como conocía
la suya, el verdadero dueño del lugar siguiéndolo de cerca, dejándose guiar
hasta su propia habitación, entrando un paso detrás de su novio.
Matías abrió la puerta de la habitación de Jacob y
deteniéndose un segundo, mirando a través de su pared-ventana, la luna
observándolos desde lo alto ya, iluminando levemente el lugar. Y bajo esa tenue
luz se sintió ser rodeado por esos brazos que tanto añoraba. Volviéndose sin
prisa y levantando su rostro hasta unir sus labios con los del castaño. Un beso
suave pero no lento, unas manos viajeras pero no ansiosas, su avance hacía la
cama más un baile que una carrera, retirando sus ropas mutuamente, acariciando
sus cuerpos en el proceso.
Maty sentía a sus manos temblar, jamás había desnudado
a Jacob, no podía evitar sentirse nervioso al tiempo que admiraba cada
centímetro de piel expuesta, recorriéndola tanto con la mirada como con sus
manos, las cálidas manos del mayor a su vez provocándole suaves escalofríos. El
mayor, pese a su permanente sonrisa, también temblaba, aquella estaba lejos de
ser su primera vez pero se sentía como si lo fuera, de alguna manera todo le
parecía nuevo.
Aquello era pasión y deseo sin frenesí ni
desesperación, era diferente a la primera noche y a cualquier otra, no era
sexo, era amor.
Juntos subieron a la cama, tomándose su tiempo para
besarse, disfrutando de los labios ajenos antes de dedicarse a explorarse
nuevamente, memorizando cada detalle del cuerpo del otro. No había necesidad de
decir nada, su comunicación en esos momentos no dependía de las palabras.
Jacob contemplo una vez más ese largo y delgado cuerpo
extendido sobre su cama, resplandeciendo iluminado por la luna, dejó a sus ojos
deslizarse por las piernas pálidas y perfectas de Maty. Su erección
completamente formada, de considerable tamaño, recordándole que no era un niño.
Sus ojos siguieron su acenso por el vientre y el torso de suaves líneas, los
músculos apenas marcándose bajo la piel, está estremeciéndose como si pudiera
sentir la caricia de los ojos azules, subiendo aún más, delineando los delgados
labios del pelinegro antes de toparse con sus brillantes ojos esmeralda y darse
cuenta que estos lo habían observado en todo momento. Jacob trago saliva.
Quedándose quieto permitió que las manos del joven
pelinegro lo recorrieran con la misma calma con la que él lo había recorrido,
jadeando libremente cuando esos delgados dedos se esmeraban en un punto en
particular. Tras unos momentos sus miradas volvieron a encontrarse y con una
sonrisa cubrió el cuerpo del menor con el suyo.
Matías estaba consciente del cálido cuerpo de Jacob
sobre el suyo, era consciente de cada roce en su piel, de cada ligero contacto
y del calor que lo consumía lento e implacablemente. Su cuerpo ansiaba las
atenciones del mayor, abriéndose con absoluta naturalidad a él, exigiéndolo incluso.
No recordaba nunca haber sentido algo semejante, una autentica necesidad, un
hambre que solo el castaño de ojos azules podía satisfacer, los minutos de
preparación y juegos previos maravillosos y tortuosos en igual medida, un largo
gemido surgiendo desde el fondo de su garganta al sentirse al fin llenado por
Jacob, dándose cuenta de lo incompleto que se sentía hasta ese momento. Estaba
hecho para eso, para estar unido con él, con Jacob y solo Jacob, su cuerpo convirtiéndose
en una extensión del ojiazul, el placer borrando los límites entre ellos,
flotando en el orgasmo más veces de las que era capaz de contar. La obscuridad
aterciopelada se iluminó como si todas las estrellas que brillaban más allá de
las luces de la ciudad, o las luces de la ciudad misma, brillaran dentro de la
habitación, de sus parpados, cuando la esencia ardiente y espesa de Jacob lo
inundó en un sinfín de oleadas, arrastrándolo hasta un sueño pacifico.
“Te amo”
La mañana los sorprendió abrazados bajo las sabanas y
tuvo la cortesía de no despertarlos por varias horas más, solo la luna había
sido testigo de la perfecta unión de sus cuerpos y almas, llevándose, por
ahora, el secreto consigo. Ambos jóvenes despertando despacio, con la misma
calma con la que inicia una mañana de fin de semana, dándose el lujo de
ducharse juntos, lavando los remanentes de la pasión de la noche pasada antes
de desempacar las compras del día anterior, el resto del día desperdiciándolo en
pizza y videojuegos.
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