Untitled

Autor: DiAnn
Genero: En realidad no estoy muy segura ¿Es gore? Bueno, sin duda es un Fanfic
Parejas: OnTae I guess 
Advertencias: Canibalismo
Descripcion: Juro que yo solo quería irme a dormir pero creo que es obvio que no pude [Gim tiene la culpa XD y por eso se lo dedicó]


Sabe que no debe,  también sabe que no puede, pero de igual manera va tras él, ya lo ha visto antes y está seguro de poder soportarlo, pero se equivoca, esta vez ya no puede, esta vez el alma se le resbala entre los dedos y no alcanza a detenerla, viéndola romperse en mil pedazos y ya no puede hacer más que salir corriendo, tan lejos como sus pies lo lleven, hasta que ya no puede dar un paso más, hasta que su cuerpo se rehúsa a continuar y cae de rodillas en el duro asfalto, rompiendo la rodilla de su pantalón, el dolor de alguna manera lo reconforta y sonríe burlándose de sí mismo antes de perder el conocimiento.

La herida de su rodilla sanó rápido y en menos de dos días había desaparecido casi por completo, pero las pesadillas, esas no se iban, se negaban a desvanecerse igual que las luces rojas de aquel sótano donde a su ángel le gustaba perderse en las heridas de otros como él. Pero no él. Nunca él.

Y sabe que no puede, en definitiva ya no puede y tiene miedo, mucho. Así que trata de huir, de todo, de él y de sí mismo. Trata de alejarse todo lo posible, mordiéndose las manos, obligándose a seguir de frente y no mirar atrás, porque es demasiado doloroso, enfermizo incluso, y en definitiva no quiere admitir que su ángel es de hecho, un monstruo.

Pero el destino no los había puesto en la misma ciudad por nada y cuando se encapricha no hay manera de librarse de sus planes, por más que huyamos no podemos negar lo que somos. Así es como Jinki finalmente sucumbe ante sus pesadillas y termina yendo a un sótano igual a aquel en donde vio por primera vez a su ángel. Lugares perdidos, escondidos y olvidados de los que nadie puede hablarte porque ante la vista de todos no existen, y aun así, ahí están.

La música lo cubre todo, más que música el sonido raya en la más caótica de las sinfonías pero es perfecta, suena igual que si rasparas  una pizarra con una lata de aluminio, corta los oídos de la misma manera en que las navajas cortan la piel, los gritos de los clientes uniéndose a los coros de los discos. Se parece al infierno, pero para él es el paraíso, de hecho puede sentir a su sangre acelerarse dentro de sus venas, solo por curiosidad espía dentro de uno de los cubículos y observa a un perro destrozando el vientre de un gato, este gimiendo aferrándose a los cabellos blancos del can, quien vierte algo con un olor caustico sobre una profunda mordida en el muslo cubierto de cicatrices del felino, quien se corre en la mano del perro.

Como sumergido dentro de un sueño nuestro protagonista vaga por las salas de aquel antro sin reglas y no es hasta que se topa de frente con esos dulces ojos avellana que se da cuenta que no está soñando sino que es otra pesadilla, pero ya no puede huir, ya no hay a donde.

Nuevamente el miedo se apodera de él, sus manos cosquilleándole por el deseo de apretarse alrededor de esa fina garganta pero los labios de ese a quien más teme se rompen en una dulce sonrisa, sus ojos avellana brillando de una forma especial.

-A ti es a quien he estado buscando- Más que oírlo lo lee en sus labios incapaz de apartar de estos su mirada –Ven, no tengas miedo, ya todo está bien, tu eres para mí, lo sé- agrega tomándolo de la mano, guiándolo a una sala vacía. Y sabe que ya no puede, no desde la última vez, pero ya no tiene miedo, ya no tiene porque, algo es diferente, algo ha cambiado y aunque no sabe que es confía.

La primera incisión es siempre la más dolorosa, por eso debe hacerse rápido. Generalmente él se tomaba su tiempo para disfrutar de la agonía en el rostro de su presa pero en esta ocasión es diferente, esta vez lo que busca no es el dolor del otro sino una culminación mutua. Desde pequeño ha tenido ese sueño,  un sueño donde él se comía a un ruiseñor y mientras devoraba cada una de sus plumas sus propias alas destrozadas se alzaban y él podía volar.

La primera incisión es en el hombro, para poder beber mientras lo monta, la segunda es en el pecho, cerca del corazón, como una promesa, la tercera en su propio cuello, para comprometerse, la cuarta en el cuello del otro, para que ambos puedan alimentarse mutuamente, la quinta la hace sin ayuda, con sus propios dientes, llevándose un trozo de aquellos hermosos labios y a partir de la sexta deja de contar.

Jinki ya no tiene miedo, de hecho ríe, ríe fuerte y divertido, porque él, que tanto miedo tenía de lastimar a aquella mariposa terminó convirtiéndose  en el ruiseñor. Y entonces por fin estuvo seguro de que en verdad era su ángel, porque finalmente podía dejar de huir y convertirse en parte de alguien más.

Epilogó especial

-Has visto a un perro blanco que anda persiguiendo gatos por aquí- Preguntó la mariposa al ruiseñor.

-Si, me pareció que había encontrado una buena presa- Contestó este mientras veía a las delgadas manos del otro liberarlo poco a poco de su plumaje.

-Buena presa- Río con voz cantarina -Ese perro tiene de cazador lo mismo que yo de presa- Nuevamente sus labios rosas se curvaron en una sonrisa, solo que esta no era tierna -Solo la apariencia.

El ruiseñor trago saliva, la piel ardiéndole en una excitación que jamás había sentido -¿Como lo sabes?

-Porque antes yo era quien sostenía su correa- 

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