Ciudad de cielos grises.

By DiAnn

[ Esta historia es completamente original, es el primer capitulo medianamente largo que he escrito en mi vida y se que no es perfecto pero poco a poco lo iré puliendo]

Esas casas lujosas, enormes, solitarias. Casas excesivamente grandes para la cantidad de habitantes que albergan, casas que intentan compensar esa soledad con grandes ventanas y paredes de cristal incluidas en su arquitectura, con la intención de que la ciudad no quede tan lejos, de introducir algo de su vitalidad en ellas, pero esa treta no funciona en una ciudad de cielos nublados, grises, fríos y calles vacías, por esas ventanas solo entra desolación.

En casas como esas es duro vivir solo y lejos de tu familia, como el caso de Jacob, un veinteañero universitario que se mudó a la ciudad con el único propósito de perseguir su sueño de ser médico, para ayudar a la gente y salvar vidas, de una forma que no implicara morir de hambre. Jacob  pasaba muchas horas frente a su escritorio estudiando y algunas otras mirando a través de una de esas ventanas, sintiéndose culpable por el objeto de su atención en la casa del vecino.

Esas casas tan grandes son difíciles de llenar y es fácil que aunque estén todos sus habitantes, que cada uno se sienta lejos de los demás, como el caso de Matías, un muchachito preparatoriano de unos 17 años, que junto con su madre, su  padre y su hermana mayor constituía la Familia Olivera y a pesar de vivir con su familia se sentía terriblemente solo, lo peor era que no se sentía mejor ni aun estando en la misma habitación que el resto de su familia. Curiosamente, y para su confusión personal, se sentía mejor encerrándose en su habitación a mirar por su gigantesca ventana al estudio de la casa vecina, donde un joven algo mayor que él pasaba horas estudiando.

Si, Jacob y Matías eran vecinos, que aunque vivían tan cerca no se conocían, apenas se cruzaban por la calle y que sin saberlo eran muy similares. Ambos eran muchachos muy tímidos, en el fondo, inseguros y confundidos, pero superficialmente no lo parecían, pues cada uno lidiaba con su timidez de una forma diferente.


Jacob desde niño había temido a las mujeres, algo tendría que ver que fuera el menor y único varón de todos los nietos en su familia y que sus primas mayores lo agarraran de muñeco para experimentos, claro, creció y fue más fuerte que ellas pero se le quedo el miedo y el deseo de proteger a los indefensos, como hubiera deseado que lo protegieran a él, de ahí venia su carácter tranquilo, simpático y amable, su sonrisa condescendiente tras la que ocultaba su timidez y su lado oscuro, que como todas las personas, también tenía, un lado que le era difícil de aceptar pues sabía que, en esencia, lo que este deseaba era incorrecto.

Por su lado Matías no había sufrido abusos ni de sus primas, ni de su hermana, ni de su madre, pero si un alejamiento con su padre y un mucho de sobreprotección de parte de su madre, su hermana más bien siempre fue indiferente con él. Esto afecto considerablemente el interior de Matías, quien no lo noto realmente hasta que cumplió los 13 años he ingreso a la secundaria, y se dio cuenta que a pesar de que ver revistas con chicas semidesnudas lo excitaba, en la vida real las chicas le daban una especie de empalagamiento, no las soportaba, les temía. Para su mala suerte era muy popular con las chicas de su escuela, su piel blanca contrastaba con su cabello negro y sus ojos verdes, era relativamente alto pero delgado, ya tirándole a escuálido, y en sus primeros años de secundaria se vio asediado por sus compañeras, que no paraban de mimarlo. Matías se veía obligado a huir, hasta que en tercero se hartó y comenzó a tratarlas de un modo grosero, ocultando su miedo y timidez en actitudes toscas, explosivas.

Y no fue hasta que Jacob se mudó a la casa de al lado de la de Matías y ambos se miraron de reojo por sus respectivas ventanas que se dieron cuenta de lo que deseaban, no lo admitían, lo negaban ante sí mismos, pero lo sabían y tenían miedo.

Jacob vio en ese muchacho de carácter hosco, una criatura frágil, que despertó en él un terrible deseo de protegerlo, de poseerlo. Matías vio en la imponente figura de su vecino, en su fuerte pero amable mirada, un refugio, unos brazos cálidos y una agradable compañía. Pero claro, ninguno de los dos admitiría nunca ese sentimiento que los hacia sonrojarse por las noches.

Y así, entre miradas furtivas y rápidos y cortos saludos, pasaron los meses sin que ninguno diera un paso hacia ninguna dirección, sus vidas parecían suspendidas bajo esos cielos grises pero sin lluvias, jamás llovía, sería buena una tormenta… para despejar los cielos. Pero esa calma estallo en la tormenta, como siempre termina sucediendo, de una u otra forma.

Mediados de Julio. Vacaciones de verano. Deberían de haber empezado las lluvias desde hace tiempo, pero salvo unas esporádicas lloviznitas, nada. La hermana menor del padre de Matías se casaba a sus 28 años y la boda seria tarde, fuera de la ciudad, en una casona alquilada. A pesar de todos los ruegos, sobornos y algunas amenazas huecas de parte de su madre Matías se negó rotundamente a ir y aquí empezó el drama…

-Por todos los cielos madre!!! ¡Ya no tengo 5 años!, Soy perfectamente capaz de pasar solo unas horas.

-Pero es en la noche Maty. Y solo dios sabe hasta qué hora vamos a regresar.

Matías y su madre discutían enfrente de su casa porque la prima que iba a ir a pasar la noche con Matías a la mera hora no había podido ir y se hacía tarde para la boda.

-Carlo- se dirijo la señora hacia su esposo que aguardaba parado junto al auto –Creo que debería quedarme, no me sentiré a gusto si Maty se queda solo.

-Mamá!!!- se escandalizo Matías –No crees que estas exagerando??!!! Ni que fuera a incendiar la casa!!!- el chico estaba al borde de soltar lágrimas de indignación.

-Pero podrías lastimarte, ¿Qué tal que te pasa algo? Ni si quiera sabes cocinar- la señora contemplo el rosto furioso de su hijo y busco apoyo en su esposo –Tu qué opinas Carlo?

El señor miro cansado a su esposa y luego a su hijo, ciertamente Mercedes era un poco exagerada con el muchacho.

-Creo que Matías ya está grandecito, déjalo, dudo que una noche solo lo mate.

-Gracias Papá!!- el chico se sentía realmente agradecido hacia su padre, lo que no ocurría frecuentemente. Por otro lado Mercedes no parecía nada satisfecha con esa opción, y ya se disponía a replicar cuando apareció Jacob cargando unas bolsas del supermercado.

-Buenas Tardes- saludo el joven de cabello café y brillantes ojos azules, que se apresuraba a sacar sus llaves para alejarse de Matías, antes de que sus ojos ya no pudieran despegarse del chico.

-Mamá, ¿Por qué no le encargas a Jacob que cuide a Maty?- sugirió la hermana sacando la cabeza por la ventana del auto. A Matías y a Jacob los recorrió un escalofrió idéntico que ambos se apresuraron a disimular, sin embargo a Mercedes se le ilumino el rostro.

-Joven Jacob. Si no fuera inconveniente para usted, ¿Podría cuidar por hoy a Maty, digo Matías, hasta que volvamos? Puede pasarse a su casa, y además seria solo hasta las 10, 11 de la noche a lo mucho.

Jacob quiso negarse, alegar un exceso de tarea, una reunión, una salida, un compromiso social o familiar inexistente, pero lo que dijo, sin poder evitarlo fue:

-Ahmm…  Seguro, no tengo nada importante que hacer, váyanse tranquilos.

Matías casi se muere al oír esta respuesta salir de la sonriente boca de Jacob, y lo único que acertó a decir fue:

-Me lleva el diablo- al tiempo que  su madre se apresuraba a cerrar la puerta de su casa y entregarle su juego de llaves a su mal encarado hijo.

La familia Olivera desapareció en su flamante auto rojo último modelo en un abrir y cerrar de ojos, dejando a este par de chicos a su suerte, bajo un cielo cargado de nubes negras. Jacob, consciente de que era su culpa semejante situación, tomo valor he invito a Matías a entrar a su casa, algo que creía solo haría en lo más profundo de sus sueños.

-Bueno, almenos no te has quedado con tu madre. Pasa, no voy a comerte.

-Que me queda.

Matías entro arrastrando los pies y una terrible sensación de mariposas en su estómago, se sentía como entrando en la boca del lobo, y esa promesa no lo tranquilizaba, lo peor era que no lo inquietaba que la cumpliera, sino lo contrario.

La casa del estudiante universitario estaba increíblemente bien organizada, limpia y decorada, completamente extraordinario para un joven soltero de su edad. Era más pequeña que la de Matías, pero sin duda demasiado grande para una persona.

-Puedes ver televisión si quieres, tengo cable, pero casi nunca tengo tiempo para verlo, así que sería bueno que se aprovechara ese dinero- Jacob gritaba desde la cocina, adonde había corrido a refugiarse apenas cerrara la puerta, dejando a Matías en el vestíbulo.

-Ahmm, está bien- grito Matías.

La televisión era enorme y Matías cambiaba canales sin ponerles atención. Jacob se había refugiado en la cocina, indeciso entre salir y acercarse al muchacho o permanecer ahí. Matías se hartó de pretender ver la tele, no podía concentrarse en la pantalla estando en esa casa, tenía que ver, almenos una vez, ese estudio.

Dejo la tele encendida en un canal aleatorio y se deslizo al segundo piso. Había un pasillo con varias puertas cerradas, ¿Cuál sería la que le interesaba? Trato de ubicarse desde ahí con relación a su casa, se aventuró a abrir la penúltima puerta del lado derecho. Ahí estaba, tal cual lo había visto cientos de veces, el estudio de Jacob, donde lo veía estudiar o contemplar el cielo por esa gran ventana. Se acercó lentamente al escritorio, vio un estuche para lentes, lo abrió y una sonrisa se le dibujo en los labios sin darse cuenta, los lentes de Jacob, los usaba para leer. Matías se los puso y como no tenían mucho aumento se los dejo mientras recorría la pequeña estancia, lámparas, libros, una computadora, un globo terráqueo; Matías vio una pequeña libreta y no pudo resistirse a ojearla, apuntes, paso hoja por hoja deleitándose con la letra ilegible del futuro médico, de pronto un dibujo lo dejo pasmado, era un dibujo de un chico sentado a la orilla de una cama, un chico que se parecía extraordinariamente a él.

-Que estás haciendo?- una voz fuerte y severa sonó a espaldas de Matías haciéndolo saltar y girarse de golpe tirando al suelo la libreta. Jacob había sospechado en cuanto dejo de oír el ruido de la televisión cambiando de canal en la sala y había subido buscándolo.

-Nada!! S solo veía- Matías deseaba que se lo tragara la tierra, mientras, su corazón latía a mil por hora al contemplar el rostro severo de Jacob, nunca lo había visto así.

-Solo veías? ¿Y necesitas mis lentes de lectura para eso?- Jacob se acercaba con movimientos depredadores a Matías, luchaba por callarse y serenarse, por detener el torrente de imágenes, deseos, ideas y sentimientos que le recorrían y lo saturaban, pero no podía hacerlo, su lado oscuro se había apoderado de la situación.

-Dime, pequeño Maty, ¿Por qué de todas las habitaciones de la casa has entrado a esta, te has puesto mis lentes y has revisado mis cosas?- Jacob ya tenía acorralado a Matías contra el escritorio y el pobre chico sentía toda la sangre en la cara mientras tartamudeaba. Un relámpago estallo en la distancia cortando la luz del vecindario de golpe.

-Solo veía!!- grito de pronto Matías empujando con todas sus fuerzas a Jacob –Que querías que hiciera??!! Aburrirme aquí en tu casa??!!! Si no hubieras aparecido estaría jugando en la mía!!! Demonios!!! Justo cuando mi padre muestra un poco de confianza en mí, apareces tú entrometiéndote!! Maldito idiota!!! Crees que porque tienes esa sonrisa perfecta puedes intervenir en las vidas ajenas??!!! No me jodas!!!- unas lágrimas recorrían el rostro de Matías.

-Lo siento Matías, la verdad, no sé porque acepte cuidarte, no pude negarme, lo siento- Jacob se acercó nuevamente a Matías, suavemente le quito los lentes y le limpio las lágrimas de su pecosa nariz, estaba tan cerca de él.

-Matías… como sabias que este era mi estudio?- pregunto nuevamente, pero con un tono muy diferente, ahora sonaba tierno e interesado. El rubor reapareció en la cara de Matías.

-Se ve desde mi ventana- contesto en voz baja, se sentía estúpido, pero de repente se le ocurrió algo –Porque estoy dibujado en tu libreta?- ahora fue Jacob el que se sonrojo.

-Porque llevo meses observándote desde aquí- ¡¡¿Qué diablos estaba diciendo?!! –Desde que me mude a esta casa, te he estado viendo desde aquí, eres lo que me ayudaba a combatir la soledad- afuera, la lluvia se desato, golpeando los cristales de la ventana -Lo cierto es que me gustas Matías, y quizás esa sea la única razón por la que no me he mudado de aquí- eso era una locura, no podía creerse que lo hubiera dicho. Hay no!! Podía distinguir las finas facciones de Matías a centímetros de él, esos ojos verdes. Se acercó más al chico, y sin más rodeos lo beso.

A Matías casi le da un infarto del shock, pero antes de dejarse arrastrar por lo que sentía alcanzo a reaccionar y se separó de Jacob, aunque no se apartó mucho.

-Qué haces? Ambos somos hombres- dijo Matías con un hilo de voz. Jacob lo miraba con la dulzura y la pasión en los ojos. Al diablo!!! Jamás tendría otra oportunidad y se arrepentiría de por vida si no lo intentaba, aunque tuviera que mudarse lejos al día siguiente jugaría todas sus cartas.

-Eso realmente importa? Enserio me gustas Matías, no estoy jugando. Yo  te quiero y tengo la sospecha de que tú también sientes algo por mí- Jacob rodeo a Matías con sus brazos y lo acerco un poco pese a la débil resistencia del chico.

-Q que te hace pensar eso??- Matías desvió la mirada hacia un costado.

-Déjame ver, quizás el que te encontrara como te encontré en este estudio y que me respondieras el beso- Jacob taladraba a Matías con la mirada –Mírame a los ojos y dime que no sientes nada por mí y te juro que te dejare ir.

Matías alzo con mucho esfuerzo la vista al rostro de Jacob y se topó con su penetrante mirada y su lindísima sonrisa.

-Maldito seas tú y tu perfecta sonrisa- solo pudo decir eso y dejo de oponer resistencia, ¿Qué pasaría ahora? Le daba igual. Jacob rio suavemente al tiempo que estrechaba contra su cuerpo al delgado estudiante.

-Pero te gusta mi sonrisa, ¿No?- susurro Jacob justo antes de volver a tapar la boca de Matías con la suya.

Esta vez el beso se prolongó bastante más y en la oscuridad Matías rodeo a Jacob por el cuello, al tiempo que este pegaba a Maty contra su cuerpo, con una mano en la espalda del chico y otra en su marcada cintura. La diferencia de estaturas casi obliga a Matías a estar de puntitas y cuando Jacob lo obligo a abrir la boca, por un segundo se separaron debido a esa diferencia, Jacob percatándose de esto, cambio su mano de la espalda a la barbilla del chico, casi cargándolo con el brazo que rodeaba su cintura. Los vientres de ambos muchachos estaba ahora a la misma altura y ambos podían sentir el calor y la firmeza del otro. Se separaron para respirar, tomar aire, recuperar el aliento robado mutuamente y mirarse a los ojos. No podían continuar en el estudio.

-Ven- Jacob bajó a Matías, lo tomo de la mano y casi arrastrándolo fuera del estudio, lo condujo hasta su habitación.

Era una habitación grande y bonita, tenía una pared que era casi completamente ventana, y que daba al patio interior de la residencia, a través de la que se veía solamente la cortina de agua que se precipitaba desde la inmensa nube negra que era el cielo. La cama era muy grande para una persona, como todo en esa casa.
Jacob se detuvo en la puerta, dejando espacio para que Matías entrara, tampoco era cosa de abusar del chico. Matías se quedó pasmado un minuto contemplando la habitación y lo que implicaba entrar en ella, finalmente se volteó hacia Jacob y con las mejillas salpicadas de rubor y los ojos aun húmedos le dijo:

-Pero que mis padres no se enteren de esto- su voz sonó firme y esto le agrado a Jacob, definitivamente ese chico lo volvía loco.

-Maty, no soy estúpido- le contesto Jacob con una sonrisa al tiempo que lo lanzaba a la cama.

Un beso rápido y las manos de Jacob se introdujeron bajo la playera de Matías, al tiempo en que besaba el delgado cuello del jovencito. Matías se moría de pena pero no podía evitar que débiles gemidos se le escaparan de la boca, las manos de Jacob eran cálidas y le recorrían con suavidad la espalda, los costados y el pecho, el aliento del universitario en su cuello le provocaba dulces escalofríos.Se separó un poco y se quitó la playera. Ante este gesto de parte de Maty, Jacob no pudo más y se lanzó sobre el muchacho, besando su pecho y descendiendo hacia su ombligo, sus manos acariciaron el vientre del chico y comenzaron a jugar en la orilla del pantalón. Jacob se levantó de la cama y se quitó los zapatos al tiempo que se desabotonaba la camisa. Matías se quitó los zapatos y el cinturón, pero no se atrevió a desabrochar su entubado pantalón de mezclilla, a Jacob le dio risa ese último acto de vergüenza de parte de Maty. Con suavidad se puso sobre el muchacho de pelo negro y con una mano le desabrocho el pantalón.

-Tienes practica- soltó de pronto Matías. Jacob pego su frente a la del chico mientras le jalaba los pantalones hacia abajo.

-Solo en mis sueños Maty, y créeme, te he desnudado muchas veces.

-Deja de llamarme Maty, no soy un niño.

-En eso tienes razón.

Jacob beso la piel que sobresalía del borde del bóxer de Matías y este ahogo un gemido, Jacob tiro su pantalón al suelo e introdujo su lengua en el bóxer de Matías, este se replegó en el interior de la cama. Jacob lo miraba con una sonrisa canina, se lo comía con los ojos y no lo disimulaba. Pese a todo a Matías aun le daba un poco de miedo, y decidió recuperar un poco de dignidad.

Matías lo beso repentinamente y Jacob se sobresaltó al sentir las manos del joven recorrerle el pecho, Matías se pegó contra Jacob deslizando sus manos arriba y abajo por la atlética espalda del universitario introduciéndose levemente en el bóxer de este.

Ok, era hora de la verdad, basta de jueguitos. Jacob volvió a tumbar a Matías en la cama y este se dio cuenta de lo que sucedería. El preparatoriano se rindió completamente ante el universitario.

Jacob hizo con Matías todo lo que había soñado por meses, el delicado cuerpo del muchacho respondía tal cual lo había imaginado, pero le producía mucho más placer del soñado, su interior era maravilloso y, a cada movimiento de su cadera la cadera de Matías respondía perfectamente, llevaban el ritmo de la lluvia en su vaivén. Ambos jóvenes alcanzaron la sima del placer en más de una ocasión y en diferentes posiciones a lo largo de la noche, su olor y su sabor se mezclaron en las sabanas de Jacob y no fue hasta entrada la madrugada que exhaustos se introdujeron en las cobijas y respiraron acompasadamente el uno junto al otro.

-Estas bien?- pregunto Jacob mientras acariciaba el pelo del muchacho que le daba la espalda.

-Sí, pero tengo algo de hambre- Matías bostezo y se acomodó en los brazos de Jacob. -No cenamos anoche.

-Te hare de desayunar cuando amanezca- le susurro Jacob al oído –Durmamos un poco.

Y se durmieron abrazados, por fin sin sentirse solos en esas casas tan grandes, que ya no eran frías.

La lluvia termino con el amanecer y también con el, regreso la electricidad haciendo sonar la grabadora que Jacob usaba de despertador. Matías siguió dormido en los brazos de Jacob con el ruido de las noticias de fondo, y no se despertó hasta que dejo de sentir la acompasada respiración de Jacob en su pelo.

“Y por fin después del tormenton de anoche las carreteras de acceso a la ciudad han sido reabiertas, pero el tráfico en ellas esta mortal… ” El radio sonaba.


-Jacob?- Matías abrió lentamente los ojos y vio el rostro serio de Jacob mirar por la ventana, Matías siguió su mirada y observo como las nubes negras se retiraban permitiendo a los cálidos rayos de sol entrar por la ventana que mostraba un brillante y hermoso cielo azul. Ambos jóvenes se quedaron unos minutos más en la cama, contemplando el más hermoso amanecer de sus vidas, antes de levantarse a hacer el desayuno.


Propiedad de 


Comentarios

Entradas populares de este blog

City of Grey Skies

No se suponía.

Preludio 1: Luke