Ciudad de cielos grises III

Filtrándose entre las Nubes.



By DiAnn   


Que asqueroso día. Otra vez la estúpida de Jesica se le había pegado entre clase y clase ¿Cuántas veces tendría que rechazarla para que lo dejara en paz? Y claro, el novio de Jesica había visto justo cuando ella le planto un beso en la comisura de los labios. Seguro mañana le daría una paliza y esta vez no tendría forma de zafarse.
Matías no estaba de humor para soportar a su familia pero tampoco quería estar solo, así que boto su mochila en su cuarto y salió antes de que su madre le preguntara como le había ido en la escuela. En menos de un minuto ya estaba tocando al timbre de la casa vecina. Trascurrieron unos instantes antes de que le abrieran pero bastaron para que se cuestionara seriamente el regresar corriendo a su casa en lugar de estar tiritando en la calle; sin embargo, en el momento que Jacob abrió la puerta Matías entro sin titubeos.

Jacob llevaba varias horas estudiando cuando escucho el timbre. Sonrió al reconocer la peculiar forma de llamar a la puerta. Pronto estaría en exámenes, no era tiempo de distraerse pero realmente quería ver a Matías; le hacía falta. Abrió y recibió al pelinegro con su perfecta sonrisa más el chico entro arrastrando los pies y una sombra sobre el rostro.
-¿Estas estudiando?- pregunto Matías en tono casual. Jacob se dio cuenta de que trataba de disimular su humor y decidió dejarlo tranquilo.
-Sí, dentro de poco serán mis exámenes- contesto Jacob mientras tomaba la chamarra de Matías y la colgaba en el perchero.
-Pues vamos a que sigas estudiando, no quiero que te atrases por mi culpa.
-Adelántate entonces, voy por algo de tomar.
La presencia de Jacob actuaba como un bálsamo tranquilizador en Matías, pero en esta ocasión no lograba disipar su mal humor. Matías no quería desquitarse con Jacob, no era esa su intención, pero no se sentía capaz de conversar, así que decidió tan sólo quedarse tranquilo haciéndole compañía hasta que el enojo se le pasara.

Jacob encontró a Matías sentado en la alfombra recargado en la pared, usando un cojín como respaldo y con la cara metida en el libro que llevaba días leyendo. Le tendió la lata de refresco sabor frambuesa a Matías, quien la cogió sin despegar los ojos de su libro. Jacob le dio un trago a su refresco antes de sentarse y seguir estudiando.

El libro era bueno. Jacob poseía una gran cantidad de libros buenos, aun sin tomar en cuenta los de medicina. Matías había tomado ese libro un día mientras curioseaba en el librero y ahora mientras Jacob estudiaba, él tomaba ese mismo libro y leía un par de capítulos. Sí, el libro era bueno, pero ese día no podía concentrarse en el; por su mente pasaban cientos de ideas confusas y en el fondo de sus entrañas aún tenía esa furiosa y pesada sensación, un sentimiento de impotencia, de rabia y frustración.
No era justo ¿Por qué tenía que soportar cosas como esas? No era su culpa que Jesica lo acosara ¡Él era la victima! Jesica se le había pegado cual vil sanguijuela desde el año pasado y él la había rechazado cerca del millón de veces; la trataba de un modo grosero, le daba indirectas, incluso le había dicho directamente que dejara de molestarlo, pero ella no se iba; a últimas fechas Matías había optado por ignorarla e igualmente ella seguía apareciendo de la nada en todos los lugares a los que fuera. El pobre muchacho incluso le había puesto candado a su mochila, pues estaba seguro que Jesica le había robado un par de estilógrafos. Un día, al regresar del baño, la encontró tratando de quitarle el candado a la mochila.

El silencio en la habitación era casi absoluto, estaban tan callados que se podía oír el funcionamiento del reloj de pared, y ocasionalmente el pasar de una página o el deslizar de la pluma sobre el papel. Jacob aparto la vista de sus libros un momento para contemplar a Matías. El jovencito de pelo negro tardaba una eternidad en cambiar de página y se podía notar que repasaba varias veces los renglones. Era raro. Matías no era un gran lector pero era mejor que los chicos de su edad; definitivamente algo le sucedía, no era su simple actitud huraña, era algo más, algo que estaba revolviendo su mente.
Jacob se sintió repentinamente triste y algo más preocupado. Quería ayudar a Maty, quería saber que le ocurría y quería saber porque no se lo decía, pero no podía interrogarlo, si lo presionaba Maty se enfadaría y sería imposible hablar con él por al menos una semana. Jacob respiró profundo y no sin cierto esfuerzo volvió a concentrarse en sus estudios.

A Matías las chicas lo seguían, no era nada nuevo, estaba, hasta cierto punto, acostumbrado a que lo acosaran, pero Jesica había roto todos los límites. Todas las demás chicas terminaron por entender que a él realmente no le interesaban, a diferencia de Jesica; y eso que la trataba peor que a ninguna. Estaba realmente harto de ella, más que eso, la odiaba. En una ocasión, completamente fastidiado de ella, la había sacudido de los hombros mientras le gritaba cosas terribles. Había sido tan grosero que se sintió culpable al ver como se le llenaron los ojos de lágrimas al tiempo que salía corriendo, pero pensó que al menos se había librado de ella de una vez por todas. Sin embargo, todo lo mal que se sentía fue remplazado por el mas terrorífico de los asombros cuando, al día siguiente, Jesica se le acerco para decirle que lo perdonaba y darle un beso en la mejilla.

Un suave suspiro saco a Jacob de sus estudios, quien levanto la cabeza para observar a Matías. El chico pelinegro había dejado el libro en el suelo al lado suyo y respiraba  profunda y pesadamente mientras permanecía con la cabeza echada hacia atrás recargada en la pared y los ojos cerrados. Jacob sintió una punzada en el pecho al contemplar el rostro de Matías, se veía tan… triste. Permaneció observando al muchacho mientras su mente se llenaba de terribles suposiciones.

Cuando Matías se entero de que Jesica tenia novio, se había alegrado considerablemente, pues pensó que con su novio se olvidaría de él. Pero no fue así, Jesica siguió acosándolo igual que antes e incluso peor porque se volvió mas atrevida, comenzó a abrazarlo por sorpresa y a plantarle besos en las mejillas, lo cual era un autentico suplicio para Matías especialmente porque ella lo hacia en lugares y momentos donde todo el mundo podía verlos y esto había provocado rumores muy desagradables.Y problemáticos, ya que obviamente al novio de ella no le hacia ninguna gracia que todo el mundo dijera que lo engañaba con el escuálido niño de piel blanca. Por supuesto, al que culpaba todo el mundo era precisamente al niño de piel blanca, como si él la retuviera. ¡Todo era tan injusto! Matías no podía ignorar esa situación como había hecho siempre pues el novio de Jesica lo había amenazado.
“Te vuelvo a ver cerca de mi novia, pendejo, y rompo tu cara de muñequita. Entendido imbécil?”
Y lo había visto, y siendo casi besado por su novia. Estaba en problemas, lo sabia. Matías jamás había peleado y el otro chico no solo era más alto y fornido que él, sino que también llevaba siempre al menos 3 amigos a su lado. Matías no tenía a nadie ¿Qué iba a hacer?

La determinación de no intervenir de Jacob se fue a la basura en el momento que el pequeño Maty abrazo sus rodillas y hundió su rostro en ellas. Se levantó despacio de su silla y se acerco sigilosamente al muchacho, este no dio muestras de notarlo. Jacob se hinco al nivel de Matías y se le quedo viendo fijamente, aunque el chico no quisiera contarle  el verlo así era demasiado para Jacob, simplemente no podía ignorar el malestar de su pequeño de ojos verdes.

Recién ahora se daba cuenta de lo desesperado y asustado que se sentía ¿Acaso no había forma de acabar con todo aquello? Debía de haber una, debía de, pero Matías era incapaz de verla. De repente la voz de Jesica se coló en sus pensamientos.
“Si no estas saliendo con nadie ¿Por qué debo rendirme? No perderé la esperanza, mientras no tengas a nadie yo seguiré insistiendo…”
Era cierto, Jesica le había dicho esto hacía tiempo. Maldita, la forma que le daba para quitársela de encima era justo la única que él no podía llevar a cabo. No podía meter a Jacob en semejante desastre.
El pensar en Jacob provoco que sus ojos se humedecieran. Jacob. Su Jacob. Tenía tantas ganas de desahogarse con él, necesitaba la seguridad que le daban sus brazos, pero no podía imponerle una carga como esa. Por eso mismo dio un leve suspiro, tomo aire y se preparo para seguir disimulando, lo ultimo que quería era que Jacob notara su malestar y ya se había dejado llevar demasiado.

Cual no fue la sorpresa del jovencito cuando al alzar la vista se topo con los ojos azules de Jacob a escasos centímetros de él. Se sintió completamente estúpido.
-Algo te ocurre y ni siquiera trates de negarlo.
-Yo yo yo– Matías tartamudeaba –N no no es nada grave.
-¡¡Tienes los ojos húmedos Matías!!- Jacob tomo al chico por los hombros y se acerco un poco mas a él – ¿Acaso no confías en mí? - había hecho la pregunta que tenia toda la tarde quemándole el alma y, aunque sin intención, no había podido evitar que en su voz hubiera un pequeño tono de reclamo. Matías abrió los ojos con sorpresa al notar el oculto reproche de Jacob y quiso contestarle que él era la persona en la que mas confiaba, que si no le decía era solamente porque quería protegerlo, porque no quería cargarlo con sus problemas, pero en vez de eso desvió la mirada y contesto.
-Si te digo que no es nada, es por que no lo es. No tienes que preoc… - Jacob lo beso bruscamente impidiéndole terminar la frase. Lo besaba violentamente pero poco a poco fue calmándose y el beso se torno suave, tierno y cálido. Entonces Matías se dejo llevar correspondiéndole el beso, llenándose de la ternura y el cariño que Jacob le transmitía por medio de sus labios.
-No me pidas eso ¿Cómo podría no preocuparme cuando veo que te sientes tan mal? – Jacob hablo sobre los labios de Matías, había pegado su frente con la del muchacho y sus manos a las mejillas de este – Por favor Matías, no tienes que cargar con todo tu solo.
Estas eran justo las palabras que el jovencito de piel pecosa necesitaba oír y como por arte de magia dejo de reprimirse y se soltó a llorar sobre el pecho de Jacob, dejando salir todas esas cosas que lo estaban lastimando.

Le hablo del constante acoso que había soportado desde la secundaria.
-… y yo no entiendo por que demonios tienen que andar siguiéndome!!
-Pues yo las entiendo- Jacob recibió una mirada asesina de parte de Matías.
-Idiota- Matías recibió un beso por respuesta.

Le hablo de Jesica y de su problema para respetar la privacidad.
-¿Recuerdas que me preguntaste por que le puse candado a mi mochila?
-Si.
-Pues fue por ella. Estoy seguro de que ella me robo los estilógrafos que llevaba para mi clase de dibujo.

Le hablo de lo mal que la trataba y de cómo ella se negaba a dejarlo tranquilo sin importar nada.
-Pero es que ya he hecho de todo!! Hasta le grite y yo de estúpido me sentí mal por hacerla llorar y no valió de absolutamente ¡¡Nada!! ¿Crees que sea masoquista? Y si ya tiene novio ¿Por qué no me deja tranquilo? ¡¡¿Cual es su maldito problema?!!- lo poco que se había calmado desapareció al seguir hablando de esa chica y ahora proseguía con sus quejas y dudas entre hipidos y sollozos mientras las lagrimas brotaban de sus ojos verdes con renovadas fuerzas empapando sus mejillas. Jacob tan solo podía abrazar al chico y tratar de reconfortarlo acariciándole su sedosa cabellera negra.

Matías también le hablo de la invasión de Jesica a su espacio personal y de su tendencia exhibicionista que lo había metido en tantos problemas.
-¡¡Odio que me abrace!! Y no le basta con eso, tiene que hacerlo en frente de todo el mundo ¡¡Pero esto fue el colmo!! Casi besarme enfrente de su novio ya es demasiado ¿Qué es lo que quiere? ¿Meterme en problemas? ¿Poner a todos contra mí? ¿Dejarme mas solo de lo que ya estoy? Pues felicidades!! Lo logro. No podía ponerme en una situación peor ¡¡La odio!! 
Jacob sintió una presión en el pecho que nada tenia que ver con el jovencito recargado en el. También él la odiaba. Jamás la había visto, no sabía quien era pero esa hora y media de escuchar a Matías enumerar todas las cosas que ella le había hecho pasar era más que suficiente para que Jacob la odiara. El castaño dio gracias de que Maty no pudiera ver su expresión en ese momento, hizo un esfuerzo para controlar las ganas que tenia de ir a buscar a esa tal Jesica y decirle unas cuantas cosas por que en ese momento lo mas importante era calmar al delgado cuerpo que sostenía entre sus brazos.
-No estas solo Matías- Jacob extendió sus caricias por las mejillas y el cuello del chico -Pase lo que pase me tienes a mi- Matías se abrazo con mas fuerza al cuerpo de Jacob, hundiendo su rostro en el pecho se este.
-Lo sé- su voz salió ahogada –Pero enserio, no quiero involucrarte…- quiso decirle que jamás se perdonaría el ser una carga para él pero las palabras se atoraron en su garganta. Jacob entendió la preocupación del jovencito y  tuvo el impulso de dejarle en claro que le daban igual los posibles problemas que pudiera llegar a tener pero prefirió no discutir con Matías, no quería darle más preocupaciones.
-De acuerdo, pero, mírame- tomo el rostro de Matías y lo levanto suavemente con una mano para mirarlo a los ojos –Todo estará bien, entiendes?- él solo asintió justo para recibir un dulce y suave beso de la boca de Jacob –No te pasara nada. Te lo prometo- Se unieron en un nuevo beso, más largo, más profundo, cargado de ternura y deseo.
Las manos de Jacob se paseaban por toda la espalda de Matías, para finalmente posarse sobre las caderas del joven de pelo negro al tiempo que este enredaba sus manos en el cabello castaño del otro. Sin embargo las cosas no fueron a más. Se miraron y sonrieron.
-Perdón por hacer tanto drama. Creo que ya te atrasaste- se disculpo entre risas al tiempo que limpiaba con sus manos los restos de las lagrimas en sus ojos.
-Olvídate de eso. Tu eres más importante- entrelazaron sus manos –Mañana no te aísles, no te quedes hasta el final, se que no te gusta pero trata de mantenerte con tu grupo y sal lo mas rápido posible. Prométeme que digan lo que digan vas a irte- Jacob  conocía a su novio, conocía su carácter explosivo y temía que su orgullo lo hiciera olvidar su seguridad.
Su novio no le había quitado la mirada de encima en todo ese tiempo y se le notaba preocupado. Matías se sentía tan tonto por haber tratado de ocultarle las cosas.
-Te  lo prometo- el chico de ojos azules se levanto y ayudo a Matías a incorporarse.
-Lo digo enserio. Digan-lo-que-digan!!- hizo énfasis en la ultima frase.
-¡¡Que si!! Saldré lo mas rápido posible-  el mas joven había recuperado su expresión ceñuda, era agradable ver que había vuelto a la normalidad.
-Bien, mañana solo tengo una clase, el examen y no tengo practica en el hospital, así que estaré de vuelta temprano- tomo al delgado chico por la cintura y lo acerco a su cuerpo –Y entonces saldremos ¿Te parece?- Matías le hecho los brazos al cuello.
-Suena bien- se sonrieron y se acercaron despacio pero antes de hacer contacto Matías vio el reloj de pared- ¡¡¡Ahhh!!! Es tardísimo- aparto bruscamente a Jacob –Debería irme ya.
-¿Pero que dices? ¡Es temprano!- ahora era él miraba extrañado al chico- Tu casa esta al lado- señalo en dirección a la casa vecina –Y si se hace más noche te puedes quedar a dormir- se volvió a acercar al chico tomándolo por la cintura tratando de pegarlo a su cuerpo, hablándole en forma sugestiva, pero por tentadora que fuera la idea Matías no cedió.
-¡¡No!! ¡Tú tienes que estudiar! Yo tengo tarea que hacer ¡Y ambos debemos dormir!- el menor se encamino a la salida y a Jacob no le quedo alternativa más que acompañarlo.
-Hasta mañana supongo- se despidió el mayor mientras le acomodaba la chamarra.
-Si, hasta mañana- se giro para despedirse. Ya había recuperado su apariencia normal, lo único diferente en él era la irritación en sus ojos –Gracias Jacob- lo abrazo súbitamente provocando un pequeño sobresalto en el mencionado, pero enseguida reacciono envolviendo al delgado estudiante con sus brazos. Una calidez invadió sus cuerpos llegando hasta sus corazones.
-No tienes que agradecerme nada. Yo siempre estaré para ti- se besaron una última vez antes de que Matías saliera de la casa de su vecino, siendo recibido por la calle fría y la obscuridad de la noche. Jacob se quedo en la puerta hasta que el muchacho desapareció en interior de su propia casa.

Jacob pasó por otro refresco antes de regresar a su estudio. Ahora era él quien tenía muchas cosas en la cabeza, pero, como había dicho su pequeño, tenía que estudiar. Al llegar a la estancia recogió el cojín que se había quedado en el suelo y lo llevo a su rostro respirando profundamente el aroma de Maty que se había quedado impregnado en el. Levanto su vista hacia la ventana fijándose en la habitación de Matías, la cual tenia la luz apagada, seguramente el chico estaría cenando. Suspiro cansado y se obligo a estudiar. Quería acabar el examen del día siguiente lo más rápido posible.

Después de cenar Matías subió a su habitación, ya que estaba mucho más tranquilo podría hacer su tarea, pero antes se asomo por su ventana para observar el estudio de la casa vecina. Jacob se giro encontrando su mirada con la del jovencito quien lo saludo con la mano y una sonrisa, el castaño devolvió el saludo y regreso la vista a sus libros. Matías saco los suyos e hizo lo mismo.
Las horas volvían a pasar lentas y en silencio pero el futuro medico estaba tan metido en sus libros que para cuando volvió a despegar la vista de estos habían pasado alrededor de tres horas. Al voltear hacia la habitación de Matías pudo ver la luz apagada y las corridas corridas, indicando que chico ya dormía.
Recogió sus cosas y se dispuso a dormir también pero al llegar a su recamara se dio cuenta de que no tenia sueño. Tenía tantas cosas en que pensar que decidió darse una ducha para ver si el agua podía ayudarlo a ordenar el caos en su interior. Mientras el agua tibia descendía por su cuerpo Jacob se dio cuenta de que mucho de lo que lo tenia tan alterado era el imaginar a esa chica abrazando y tratando de besar a su novio, ¿Cómo que Matías no tenia a nadie? ¿Y que era él entonces? Definitivamente no se iba a quedar esperando tranquilamente a que todo saliera bien, a que esa chica se rindiera por cuenta propia. Si lo que hacia falta para que dejaran en paz a Maty era demostrar que ya tenia una relación, seria precisamente eso lo que haría, se encargaría de que no solo Jesica, sino todos supieran que el atractivo y antisocial chico de cabellera negra, piel blanca y ojos verdes ya le pertenecía a alguien. De que Matías le pertenecía a él.

El día siguiente amaneció frio, con grandes nubes cubriendo el cielo y constantes ráfagas heladas. Matías despertó antes de que su alarma sonara, cuando el sol apenas comenzaba a salir. Había dormido bien y estaba consiente de que esto solo había sido posible gracias a todo el apoyo que Jacob le había dado la noche anterior. Ya no tenia miedo, estaba nervioso, si, pero no asustado, estaba decidido a salir con su dignidad intacta, no iba a alterase, le había prometido que no dejaría que lo provocaran, pero esto no quería decir que fuera a dejar que lo humillaran, estaba decidido a  dejar en claro que no tenia el menor interés en Jesica ni responsabilidad alguna en su manera de actuar, ni en la de nadie que no fuera él mismo. Tampoco iba a permitir que todo ese asunto siguiera interviniendo con su vida privada, así que eligió cuidadosamente sus ropas pensando en la futura cita que tendría con Jacob. Era la primera en semanas, debía verse bien.

Desde que iba en la secundaria no miraba con tanta insistencia el reloj, como si al mirarlo fijamente lograra que este fuera más rápido, pero sin importar que tanto lo mirara, el reloj no modifico su marcha y las dos horas y media de su primera clase duraron lo que tenían que durar, torturando a Jacob quien sentía que cada minuto duraba cinco. Finalizada su primera clase corrió a la segunda, siendo el primero en llegar al aula donde realizaría su examen.
El único momento en el que dejo de pensar en su vecino fue durante las tres horas que duro su examen, pero apenas termino de contestarlo su mente volvió a enfocarse en el estudiante de preparatoria. Mientas se acercaba al escritorio del profesor, Jacob tomo una decisión.

El anciano profesor recibió el cuarto examen terminado de manos de uno de sus mejores estudiantes, con tan solo echarle un vistazo podía decir que estaba impecablemente contestado. Le dedico un alago al joven de cabello café el cual solo sonrió levemente para después adoptar una expresión grave.
-Profesor- hablo Jacob con mucha seriedad –Quisiera pedirle un enorme favor…
El profesor alzo las cejas asombrado por el extraño favor que le pedía su alumno favorito.

Durante el trascurso del día Matías hizo gala de su gran capacidad para mostrar indiferencia, aun ante las miradas hostiles y los descarados cuchicheos de sus compañeros. De alguna manera se sentía inmune a todo aquello, como si algo lo protegiera, y ese algo era nada más y nada menos que Jacob. El chico se mantenía pensando en él y en su futura cita juntos, imaginando los lugares a donde podrían ir y las cosas que podrían hacer. Estos pensamientos lograron que la atmosfera alredor suyo no fuera hostil, contrario a lo habitual, el aura de Matías transmitía paz. Cambio que no paso desapercibido ante sus compañeros, provocando aun más murmullos y conjeturas acerca del jovencito.
Finalmente las clases terminaron y los nervios reaparecieron en el chico, quien trato de salir discretamente, pero inevitablemente todas las miradas se posaban sobre él mientras intentaba alcanzar la salida. Una multitud se encontraba ya reunida en aquella especie de atrio que unía a la escuela con la calle. Matías sintió la rabia acumulándose nuevamente en su estomago, tensándolo, todos los presentes querían ver el espectáculo. De pronto el chico noto que la atención de los espectadores se dirigía al lado opuesto de la gran puerta de la preparatoria.
El nudo en su estomago se relajo un poco mientras se adelantaba, tratando de ver que era lo que llamaba la atención de los estudiantes pero en cuanto descubrió lo que miraban se quedo congelado sin dar crédito a sus ojos.

La noticia de que finalmente Sergio iba a matar a Matías había corrido como pólvora y antes de que finalizara el día todos los alumnos de segundo, primero e incluso algunos de tercero se habían enterado y estaban confirmando su entusiasmo por ver lo que sucedería. Las especulaciones llovían e incluso se habían abierto apuestas, 20 a 1 en contra del chico de pelo negro. Es que Matías era famoso, prácticamente no había chica que no se hubiera interesado en el joven pelinegro y que no hubiese sido rudamente rechazada por él, además no había chico que no guardara cierto rencor y/o envida hacia el de ojos verdes. Todos ansiaban que Sergio se vengara por ellos.
Por eso estaban reunidos en la explanada, esperando el espectáculo del año, cuando un impresionante auto deportivo azul eléctrico se estaciono frente a la escuela robándose la atención de los presentes. No era común  ver esa clase de autos por ahí y mucho menos ver hombres tan apuestos como el que salió del auto. Un atractivo castaño con ojos casi tan azules como el auto sobre el que se recargaba, claramente esperando a alguien, ¿A quien podría buscar aquel príncipe en su escuela?

Jacob había llegado temprano a la escuela de Matías pues quería alcanzarlo antes de que saliera, así que se sorprendió al ver a tanta gente reunida en la salida, pensando que quizás había llegado tarde decidió que si en cinco minutos no aparecía Matías, lo llamaría. No habían pasado ni tres minutos cuando el chico de piel pecosa surgió de entre la multitud, seguido de cerca por un chico fornido con cara de pocos amigos y algunos metros tras ellos los seguía una chica alta y de largo pelo lacio.
Maty  se había quedado clavado al suelo en cuanto lo vio, Jacob sonrió para si mismo y comenzó a acercarse al chico, consiente de que todos lo miraban.
-Ja-Jacob!!- el pobre muchacho estaba en shock –Q-que haces aquí?- no podía creerlo, sencillamente no podía. El castaño había atravesado toda la explanada y ahora se encontraba a escasos centímetros de él.
-¿No es obvio?  Vine por ti- paso su brazo sobre el hombro del menor para quitarle la mochila, quedando peligrosamente cerca de su rostro –Quería verte- agrego en un susurro perfectamente audible para los que estaban a su alrededor.
El jovencito no era capaz de articular palabra así que Jacob lo tomo de la mano.
-Ven, vámonos- se dirigió de vuelta al auto llevando a Matías un paso detrás de él. Giro levemente la cabeza para mirar al chico que antes iba detrás de su novio dándole una mirada extraordinariamente fría, después miro despectivamente a la chica de más atrás, dedicándole una sonrisa arrogante antes de devolver la vista al frente. Al llegar al auto le abrió la puerta del copiloto al joven que llevaba arrastrando para después subir él y arrancar, alejándose de la escuela dejando a todos los que habían presenciado aquella escena con un gran tema de especulación.

Llevaba ya algunos minutos dentro de aquel auto cuando cayo en la cuenta de lo que había sucedido.
-Jacob-  el nombrado se estremeció levemente por el sombrío tono que su copiloto había empleado -¿De donde sacaste este auto?
-¿De que hablas?- el que conducía se hacia el tonto.
-Este no es tu auto- en esos momentos no estaba para juegos y la actitud de Jacob realmente le estaba agotando la poca calma que tenia.
-¿Ah no?- el conductor seguía fingiendo demencia logrando que Maty explotara.
-¡¡No grandísimo idiota!! ¡Tu tienes un Civic y este es un Corvette!- grito alterado.
-¡Cálmate! Es el auto de mi profesor- Matías sintió que su alma lo abandonaba ¿Pero que locura había hecho su vecino?
-¿Te robaste el auto de tu profesor?- pregunto con un hilo de voz.
-¡¿Qué?! ¡¡No!! ¿Por quien me tomas niño?
-No soy un niño.
- Entonces no te comportes como uno- Jacob miro de reojo al chico –Me lo presto- Matías abrió los ojos asombrado.
-¿Te presto su auto? ¿Un Corvette? ¡¿Así nada más?! ¡¿Un Corvette?!
-Bueno, tuve que dejarle el Civic y tengo que devolverlo con el tanque lleno, pero si- se encogió de hombros –Soy su alumno favorito- agrego sonriendo.
Matías negó con la cabeza ¿Cómo era todo aquello posible? Había veces en que se sorprendía de lo que Jacob era capaz de hacer. Respiro profundo. Era hora de hacer la pregunta que realmente importaba.
-¿Por qué fuiste? Te pedí que no lo hicieras.
-Te lo dije. Quería verte, ¿Acaso no puedo recoger a mi novio?- reclamo Jacob. La pregunta descoloco a Matías, quien de momento no supo que contestar y su silencio molesto a quien iba a su lado -¿O no quieres que nos vean juntos?
-¡¡No!! ¡No es eso! A mí no me importa lo que digan o piensen de mí, como si no dijeran ya bastantes cosas- también él estaba molesto ahora pues no entendía como Jacob podía pensar que se avergonzaba de su relación -¡¡Es a ti a quien debería importarle!! Yo voy en la prepa y mis compañeros me importan una mierda, pero tú vas a una universidad importante ¡En la facultad de medicina! Perdóname por preocuparme por ti- terminó de hablar con la voz rota y se giro hacia la ventana para que el otro no viera las lágrimas ya acumuladas en sus ojos. Estaba dolido.
Jacob soltó un fuerte suspiro, tenia la sospecha de que algo así podría pasar. Orillo y estaciono el auto para poder dejarle en claro algo muy importante al muchacho sentado al lado suyo.
Obligo al menor a mirarlo, le limpio las lagrimas con los dedos y lo tomo firmemente de las mejillas.
-Matías- se acerco al mencionado- En mi facultad saben que soy gay- los ojos verdes se abrieron desmesuradamente- No es que lo ande gritando a los cuatro vientos, pero se lo digo a quien le interese saberlo- se acerco aun más al rostro del chico –Lo que si deje bien claro fue que desde este verano tengo a alguien especial- lo soltó y regreso al espacio que le correspondía –Y tu debiste de haber hecho lo mismo- volvió a poner el auto en marcha.

Permanecieron en silencio por unos minutos y el mayor ya comenzaba a inquietarse por la extraña expresión que el otro mantenía en el rostro, entre confuso, molesto y pensativo. Un suspiro rompió la tención.
-Entonces… a donde vamos?- pregunto el joven pelinegro.
-Hay una nueva tienda de videojuegos donde tienen versiones importadas,  pensé que te gustaría ir- los verdes ojos de su acompañante se iluminaron de emoción.
-¿La de la nueva galería? ¡He querido ir desde que abrió!- el jovencito estaba claramente entusiasmado- ¿Pero que no esta del otro lado de la ciudad?
-Si ¿Y? Si le voy a llenar el tanque al menos hay que sacarle provecho ¿No crees?- le regalo una de esas perfectas sonrisas y una mirada traviesa. Matías se soltó a reír divertido.
-Pues, acelera- contesto entre risas al tiempo que bajaba la ventanilla y encendía la radio.

El magnifico Corvette acelero con los dos chicos riendo mientras atravesaban la ciudad bajo un cielo despejado, tan vibrante como el deportivo. 



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