La maldición del Tiempo

Cada tanto me detengo a torturarme un poco al decir una verdad eterna e inexorable. El tiempo no se detiene, no espera y no retrocede sin importar cuanto se lo roguemos.

El tiempo no escucha, sigue su marcha y no se molesta en vernos, y yo me torturo recordándolo.

No importa cuanto se lo suplique, no me deja volver. No me deja volver aún cuando lo necesito tanto. Y lo necesito tanto porque necesito encontrarte de nuevo. Antes. Mucho antes.

Necesito encontrarte y ponerte a salvo entre mis brazos, tomarte y huir contigo, lejos, muy lejos de todo lo que te ha hecho daño. Y cambiar todas esas lagrimas por sonrisas y esas expresiones maravilladas que solo los niños son capaces de mostrar con tanta naturalidad, esas que no pudiste tener en su momento y apenas vas descubriendo. Ahora, cuando es tan tarde y después de tanto.

Necesito volver. Necesito volver para evitar que te mientan, para tomar tu mano y evitar que caigas en trampas y estafas, para que nadie tome tu corazón inocente y se aproveche de el.

Necesito volver para que nadie más que yo pueda tenerte. Necesito volver para  que seas mía.

Necesito volver porque te conocí demasiado tarde, cuando la vida te había herido y otros te habían llevado demasiado lejos. Necesito volver para alcanzarte. Para evitar que el tiempo construya esta brecha entre nosotras, esta distancia que no puedo borrar, porque sin importar cuanto se lo ruegue, el tiempo no regresa, sigue su marcha y con ella nos lleva al final de una cuenta regresiva que no creo poder sobrevivir. 
Porque al final de ella te pierdo, y sin ti, aunque respire, estaré muerta.

Así que de vez en vez me torturo recordándolo, repasando mentalmente todos aquellos momentos que vivimos sin saber que existíamos, atesorando fotografías de tiempos que no viví a tu lado.

Ruego al tiempo que me deje volver a pesar de saber que es sordo y ciego, y que solo sigue su paso, como una maldición, arrastrándonos cada vez más lejos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

City of Grey Skies

No se suponía.

Preludio 1: Luke