Teufel
Homenaje a Carlos Ruiz Zafón - Fanfiction de "Marina"
Autor: DiAnn
Genero: Terror
Parte 1
Su belleza y su ingenuidad la llevaron a aquella banqueta helada. Con las esperanzas y los sueños rotos la muñequita se arrastró hasta las alcantarillas, movida únicamente por la leyenda de la ciudad de los desamparados y el deseo de que el príncipe de esta pudiera darle refugio, no por ella, sino por la vida que cargaba en su vientre.
La leyenda, o parte de ella al menos, resulto cierta y bajo la ciudad helada encontró abrigo del frío. Con la ayuda comunal de aquel ejército de desposeídos sobrevivió para dar a luz a dos niños. Su pequeño cuerpo solo logro dar forma al mayor de ellos; los huesos del menor eran débiles, sin forma. El menor vivo siete años y se llevó a su madre consigo, el ahora huérfano los vio hundirse en el fango antes de voltear por primera vez hacía la luz de la superficie y decidió vivir por ellos. No se quedaría ahí.
Llego al mundo de arriba en un día tan helado como aquel en que su madre se arrastró a las cloacas y tuvo a bien refugiarse en el portal de un médico que al poco llego a casa. Aquel hombre había perdido a su esposa e hijo, y vio a este en el pequeño encogido contra su puerta. Así lo invitó a entrar, con cuidado lo reviso y el niño lo llamo brujo al verlo revisar sus pulmones y corazón, “No es brujería, es ciencia”
El nuevo hijo del médico siguió sus pasos, no hablaba mucho ni contó nunca de donde venía, pero a los diecisiete años ya podía asistir en cirugía. El padre se enorgullecía de su hijo, viéndolo convertirse poco a poco en un hombre brillante, sin embargo el frío nuevamente ataco a la pequeña familia, comenzando a robarle de a poco la vida al médico. Esta vez, pensó el chico, no dejaría que le arrebataran lo que amaba; su padre lo miró con paciencia, entendiendo la tristeza de su hijo “Todos comenzamos a morir desde que nacemos, así es la naturaleza, lo importante no es la muerte, sino el camino que recorremos hasta llegar a ella” Con sabías palabras aconsejaba y trataba de consolar a su terco pupilo pero este ya se había decidido. No se rendiría.
Días después los vecinos llamarón a la policía, un terrible llanto llegaba de la casa del médico y su hijo, en ella encontraron al muchacho ensangrentado sobre el cuerpo de su padre, en sus manos un corazón mitad órgano mitad reloj latía.
Parte 2
Su mundo de nuevo se había destruido, logró huir apenas y decidió ir a un lugar un tanto más cálido. Ahí empezó de nuevo sin un solo centavo y sin una sola palabra en el nuevo idioma pero su inteligencia y determinación le impidieron rendirse. Tras cuatro años, una parada en la cárcel y su enfermería de las cuales salió cojeando, logro hacerse de un invernadero junto a las vías del tren y en este construyo su taller. Si la naturaleza se empeñaba en matar a sus creaciones, él no descansaría hasta ganarle la partida.
En breve gente lo visitaba a raudales, pues el joven extranjero era capaz de devolverles manos, brazos, piernas y ojos perdidos. La ciudad volvió su mirada hacía él. Empresarios lo sacaron de aquel taller, veían el dinero en su talento y no fueron capaces de ver el fuego en sus ojos. La fábrica que le dieron era mucho más amplia y discreta que aquel invernadero. Su presupuesto mucho mayor. Y en los sótanos de su oficina instalo más de un taller.
Su verdadera investigación empezó entonces, cientos de cadáveres no reclamados fueron comprados por él; madera, porcelana y cobre al por mayor, y una nueva cerradura para su taller, con una sola llave que guardaba contra su pecho, tras de su piel lo intuía. No solo su hermano nació enfermo.
Parte 3.1
Ella llego a aquella ciudad en calidad de esclava vestida de estrella. Al igual que él, huyendo. Pero no libre, sus custodios la llevaban en su huida, listos para iniciar un nuevo espectáculo, una nueva fortuna que perder en vicios y lujos sin sentido.
Fue en el teatro de la ciudad donde aquel príncipe la oyó cantar por primera vez, según le contó después, una noche en que escaparon para vagar por la ciudad, solos y lejos de las miradas de todos, fue su voz más que su belleza lo que lo llevo a acudir cada noche al mismo teatro y llenar, cada día, de rosas su camerino.
Aún en contra de los deseos de sus custodios ella acepto casarse con él, y él les dio dos opciones a sus esclavistas, irse con una generosa suma de dinero o terminar muertos. Las opciones fueron remarcadas con una lluvia de balas desde un auto polarizado al anochecer. Ellos se fueron.
Ya libre, él la lleno de todas las cosas que nunca había tenido. La llevo a vivir a todo un piso del más lujoso hotel mientras le construía un palacio, le dio cientos de joyas y vestidos, puso a un ejército de sirvientes atentos a todas sus necesidades, cenaban juntos todas las noches y él escuchaba todo lo que ella tenía que decir. La miraba con adoración y la colmaba en halagos. Pero dormían en habitaciones separadas.
Ella no decía nada, fingía dormir mientras lo escuchaba salir. Y él no volvía en toda la noche… volvía siempre solo para la cena.
Parte 3.2
Temiendo perder al único hombre que la había amado, se escabullo cuando lo escucho marcharse y como una ladronzuela entro a la fábrica. Las partes sin ensamblar que colgaban sobre las líneas de ensamblaje le advertían que se marchara, pero llegando hasta ahí no iba a rendirse.
-Sé que estás ahí- lo oyó murmurar desde el interior del taller abierto, el olor a carne en descomposición se alzaba aún bajo el intenso aroma del desinfectante. –No debiste haberme seguido.
-Quiero ser parte de tu vida, de toda ella- replico con honestidad, entrando con paso vacilante pero sin pausas, tratando de adivinar las siluetas en la penumbra. –Enciende las luces, por favor.
-Es probable que no te guste lo que veas…
El infierno se iluminó con luces alógenas, frías. En tanques de formol flotaban como medusas cuerpos de todas formas y edades. Desde el techo piezas similares a las que colgaban afuera del taller sangraban, a diferencia de sus contrapartes de porcelana estas eran de carne, madera y metal. Bajo el directo haz de una enorme lámpara una mujer yacía desnuda sobre una mesa de operaciones. Su torso estaba abierto desde la cintura hasta el cuello, sus brazos naturales no estaban, en su lugar surgían unas articulaciones de metal y madera, los nervios de cable de cobren unían el torso con unas afiladas garras de metal. Tras una inyección en la base del cráneo la mujer abrió los ojos y soltó un aullido. Como una muñeca rota se arrastró fuera de la mesa y calló al suelo. Tras algunos espasmos murió de nuevo.
-Si quieres irte… sabré entenderlo. No puedo parar, no puedo detenerme. Al igual que ella- señalo a la muñeca rota en el suelo- Quiero vivir. La naturaleza es cruel y yo busco salvar a sus hijos de ser devorados por ella… -explico sin mirarla, levantando a su títere para llevarle hasta el incinerador. Su voz no temblaba, su pulso tampoco. –Trabajo e investigo en el infierno- declaró al mirarla, esperando su terror y disgusto.
-No le temo al infierno- respondió tras una pausa, sus ojos clavados en él, olvidando por un momento los horrores a su alrededor –Le temo más a una vida sin ti. Ya te dije lo que quiero, quiero ser parte de tu vida, de todo. Si alguien puede vencer a la muerte sé que eres tu… déjame ayudarte. No sé mucho pero no soy tonta, aprenderé lo que me enseñes. Mis manos no son torpes, pueden servirte. Por favor, déjame permanecer a tu lado…
Parte 3.3
El éxito siempre provoca envidia, y el tiempo cada vez mayor que aquel genio de la ingeniería biológica pasaba recluido en su taller provoco también recelo de sus inversionistas. Los gastos comenzaron a ser revisados y los numerosos pagos a las morgues de hospitales y prisiones por toda la ciudad no fueron bien vistos. Por primera vez la gente se preguntó como aquel príncipe extranjero construía aquellas prótesis prodigiosas y las posibilidades les aterraron.
Por medio de trampas e instigaciones a la policía, sus socios le fueron arrebatando la fortuna que había amasado a lo largo de todos esos años, pronto tuvo que refugiarse junto con su laboratorio en la única propiedad que no podían quitarle al estar a nombre de su esposa. El esqueleto del palacio inconcluso. Y así permanecería, ya no había fondos para seguirle construyendo.
Tampoco ella pudo seguir cantando, era la esposa de un proscrito, los rumores y las envidias le cerraron las puertas de todos los teatros. El resentimiento de sus ex tutores, que volvían con la esperanza de roer un poco de sus huesos, envalentonados por la pérdida del prestigio e influencia que los había ahuyentado de la ciudad, le arrebato no solo su voz sino también su rostro y su belleza cuando tras emboscarla le vertieron un frasco de ácido en la cara. A pesar de los numerosos testigos jamás los atraparon.
Paso meses dormitando en un sueño de morfina, soñando con que su esposo experimentaba en ella. Al despertar comprobó que no había sido solo un sueño. Él reconstruyo su garganta, dándole una voz antinatural, metálica; también le dio una nueva boca para que pudiera comer, esta estaba dotada de colmillos, altero sus nervios para poder retirarle la morfina sin que sintiera dolor y le fabrico un rostro de porcelana para cubrir los huesos que el ácido había dejado al descubierto.
Todos los sirvientes se fueron.
La enfermedad que él sentía latir en su interior, tras dormir paciente todos esos años, despertó mientras su mujer permanecía inconsciente, devorando y deformando sus huesos. Cuando ella despertó pudo notarlo. Había experimentado sobre sí mismo al igual que con ella, reconstruyendo sus manos, convirtiéndolas en afiladas y agiles garras de acero. Solo quedaban sus cuerpos para continuar.
-Toma de mi lo que necesites, así viviré contigo por siempre…
Los ojos grises de aquella dama reconstruida por él seguían brillando con la misma adoración y entrega del primer día. Y a pesar de su propia enfermedad y aspecto, esa noche cedió tanto a los ruegos de su mujer como a su propio deseo. Tomo su cuerpo con su cuerpo antes comenzar a tomar su carne.
La ciudad dormía cuando aquel palacio en ruinas estalló en llamas, el infierno iluminando el oscuro cielo cuando una grotesca silueta negra se alzó entre las llamas. Una mariposa negra con terribles garras de acero y cables sangrantes como nervios expuestos sobrevoló la noche, tres pares de ojos buscando a quienes le traicionaron, más de uno desapareciendo en aquellas poderosas garras, arrastrados a las profundidades de las alcantarillas. Volvía al lugar donde surgió para morir y renacer de nuevo. En la tinieblas esperando. Construyendo y devorando a sus hijos.

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