Parenting Meeting

No fue fácil alejarme y venir aquí. No fue nada fácil de hecho. Admito que lo retrase tanto como pude, pero finalmente la realidad superó mi negación.
Viendo hacia atrás ahora, me doy cuenta de que debí hacerlo mucho antes, en cuanto lo considere por primera vez. Por el bien de ella. Para que pudiera olvidar completamente y se desvaneciera por completo la ilusión de esa sonrisa. La sonrisa que yo nunca podre olvidar, ni ahogándome en vodka. Así que no, no tomo ya. Ni siquiera vino. Sé que si comienzo seguramente no podría dejarlo, y no tiene caso. Ella me necesita. Aún es pequeña y soy todo lo que tiene.
Confío que en poco tiempo logre olvidarse de todo y dejé de extrañar fantasmas. Con que yo lo haga basta y sobra. Por ahora he vuelto a fumar, nunca dentro de la casa y menos frente a ella, por supuesto. Fumo en las noches, en la terraza trasera, después de acostarla. Quisiera decir que sólo fumo un cigarro al día pero honestamente soy capaz de acabarme una cajetilla. Después de todo casí no duermo. No puedo dormir. A lo mucho logro perder la consciencia un par de horas. Pero igual despierto antes de que amanezca y sintiéndome aún más cansado. Por lo menos tengo tiempo de sobra para preparar un desayuno decente. Confieso que como bien por ella, para darle un buen ejemplo. En realidad todo lo hago por ella. Para darle lo mejor a mi hija. Mientras ella me necesite me asegurare de que nunca le falte nada. Ella es todo lo que importa para mi. Todo lo que me queda.
Y estoy consciente de que crecerá hasta ya no necesitarme. Demonios, ya ha crecido tanto que estoy aquí, dispuesto a dejar que alguien más cuide de ella. Aún si son solo unas horas al día, van a ser las horas más duras de mi vida. Cada día a partir de ahora.
Estaré bien, tengo que. Como ya dije soy lo único que tiene, y no voy a decepcionarla. No voy a dejarla sola para hundirme en mi misera. No podría abandonarla así. Después de todo, todo ha valido y vale la pena por ella.
Ya sera, cuando ella se marche y haga su propia vida. Y su vida sea buena. Ya sera entonces, cuando no me necesite ni me extrañe, que podre desvanecerme también, cubriéndome de polvo, como la fotografía que dejé antes de mudarnos, sobre la repisa.

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