Unlimited Freedom

Autor: DiAnn.
Genero: Incesto
Descripción: Una de las primeras historias cortas que escribí, en lo personal me gusta mucho

-Ottosan, ¿Amabas mucho a mi madre?
-No, no realmente. La consideraba muy atractiva, la deseaba, más que a cualquier otra mujer, me volvía loco. Supongo que por eso no me di cuenta de que era una maldita. Me atrapo.
-Entonces, ¿Ella era la que te amaba?- la hermosa joven rubia se acomodó en el sillón, cerca de su padre.
-¡¡Claro que no!!- contestó el padre en medio de una carcajada -Si ella me quería de alguna forma, era de su trofeo, lamento decírtelo pero tu madre era una desgraciada egoísta que solo pensaba en si misma. Me quería para presumirme ante el resto, para explotarme y tomar de mi todo lo que le fuera posible- le dirigió una mirada levemente triste a su hija, la cual le de volvió una mirada radiante.
-Calma Ottosan, no me afecta saber lo que era mi madre, te tengo a ti y ella nunca me ha importado- le sonrió a su padre, en el fondo esto la tranquilizaba, siempre había odiado la idea de que su padre aun amara a su madre, de que la extrañara -Pero si ella era tan egoísta… ¡¡¿Como fue que nací yo?!!
-Veras, cuando tu madre me contó que estaba embarazada y que pensaba abortarte, así sin mas, sin siquiera preguntarme siendo que era MI hijo lo que pensaba matar, me di cuenta de que ella solo me estaba usando. Me negué a perder a mi hijo, la retuve a mi lado y no tienes idea de cuanto me odio por eso- su mirada se perdió en el vacío por un segundo, recordando  esos momentos.
-Algo me confunde Ottosan, si tú eres un mujeriego y no amabas a mi madre, ¿Porque quisiste tenerme?
-Porque no es que quisiera un hijo o un hijo de tu madre, es que eras MI hijo, por eso quise tenerte y cuando me entere de que eras una niña, te quise aun más, pues, creo que ya lo sabes, adoro a las mujeres y más a las mujeres hermosas, y seguro que siendo hija mía y de tu madre serias una mujercita muy muy bella- volteo ver a su hija con su clásica sonrisa torcida. La aludida soltó una carcajada y le dirigió a su padre su mirada penetrante.
-¡¡Eres un ególatra!!- se rio la joven  -Pero tienes razón.
-Eres igual de ególatra que yo- le replico su padre y prosiguió con su relato -A tu madre nada le importo, una vez naciste se largo y nos abandonó a los dos, como ya dije, ella no me importaba, pero me costó criarte yo solo. Admito, que no he sido el mejor padre.
-¡Calla! Eres el mejor que yo conozca, lamento el haberte espantado las novias desde entonces.
-No fue tu culpa- negó con la cabeza y agito la mano como descartando esas idea -¿Que mujer quiere salir con un hombre de 24 y una hija de 6? Me he divertido en estos largos años, tanto como me ha sido posible, no me arrepiento de haberte elegido, cuando llegaba a casa después de que una de esas mujeres me terminaba, siempre había una mas hermosa esperándome- la joven volvió a reír, era increíble que semejante platica se estuviera llevando con tanta tranquilidad, pero pensándolo un poco… así eran ellos.
- ¡¡¡Eres terrible Ottosan!!! No sé de que presumes. Has tenido muchas mujeres y no has podido conservar a ninguna mas de 2 semanas, creo que deberías ser un poco mas humilde- se burlo la joven, estaba tan cerca de su padre que podía distinguir todos los matices de sus verdes pupilas.
-Y tú, pequeña escuincla, no estas en posición de darme consejos románticos, eres muy joven.
-¡¡¡Soy mayor que tu cuando me tuviste!!! Y he tenido muy buenas relaciones, además de que puedo salir con quien yo elija sin problema alguno. Es mas, te apuesto a que soy mejor que tu y que cualquiera de las mujeres con las que has salido- la joven se levanto del sillón, se puso las manos en la cintura y miro a su padre con una sonrisa desafiante y picara. Su padre se incorporo y se puso frente a ella, mirándola con la misma expresión. Ninguno de los dos se negaba a un reto.
-¿A si? ¿¿Crees que eres mejor que yo?? A ver enana ¡¡Demuéstralo!!- ninguno de los dos parpadeaba, se sostenían la fuerte mirada el uno al otro. La joven le rodeo el cuello con los brazos a su padre al tiempo que este le ponía las manos en la cintura.
-¿Enserio quieres que te lo demuestre Ottosan?- dijo la joven casi en un susurro, suave y seductoramente.
-Te lo advierto, yo no retrocedo- contesto el.
-Yo tampoco.
Lentamente y a la par, se fueron acercando y cerrando los ojos hasta besarse, fue un beso dulce, suave y perfecto, para los dos, lo mas esquicito. Se separaron después de unos instantes y se miraron, en los ojos del otro no encontraron ni un asomo de vergüenza, miedo, asco o cualquier otra emoción negativa, en los ojos de ambos solo había risa, diversión y deseo sin la pasión ciega que te hace hacer cosas si consentimiento, ambos seguían ahí, consientes de lo que habían hecho y de lo que harían mas adelante, sonrieron una vez mas y volvieron a besarse.

De pie en medio de la sala de su diminuto apartamento ambos se besaron por largo tiempo, saboreándose lento pero sin pausas, subiendo de nivel, abriendo sus bocas y recibiendo al otro. La imagen era perfecta, los dos parecían hechos el uno para el otro, ambos hermosos y sin miedo, pues esos besos los estaba liberando de todo.
Con la misma tranquilidad fueron avanzando hacia la habitación del padre y una vez en ella se hincaron juntos sobre la cama he iniciaron otra escena perfecta, esta vez de Hedonismo, la perfecta imagen del ego, un Casanova y una Femme Fatale, perfectos padre e hija.
Recorrieron cuerpos nunca vistos, extrañamente familiares, dándose perfecto placer y curiosamente cariño, mas de lo que nunca nadie les había dado, ternura, dulzura y perversión, en las medidas exactas, extasiados y maravillosamente consientes, siempre consientes disfrutando cada segundo y cada mirada.
Terminaron bien entrada la noche, la luz de la habitación había permanecido encendida todo el tiempo, ahora no había secretos entre los dos, de ninguna clase, ahora eran completamente libres y aunque el amor que se tenían seguía siendo el de un padre y una hija, la seguridad que les daba el saber que ya ninguna persona podría herirlos ni dominarlos los inundaba de paz.
La joven suspiro satisfecha mientras acomodaba la cabeza en el pecho de su padre, él puso su brazo sobre la espalda desnuda de su hija, los cabellos rubios y largos de ambos se mezclaban en la almohada igual que sus cuerpos solo hace unos instantes.

-Ottosan, ¿Ahora que crees? ¿Soy buena?- pregunto la joven con una sonrisa.
-Eres la mejor- le contesto con la voz aun ronca -Estoy orgulloso de que seas mi hija- agrego dándole unas palmaditas en su espalda- Eres mejor que tu madre- el corazón de la joven estuvo a punto de estallar de felicidad.
-¡¡¡Muchas Gracias Ottosan!!! Tú también eres increíble, no entiendo como esas estúpidas te rechazaron.
-¡A ti te han rechazado?- le pregunto curioso.
-Una vez- le dolía hablar de eso- Mi primer novio me dejo y, lo quería muchísimo. Honestamente, me dolió mucho- Confeso la joven apretándose contra el cuerpo desnudo y cálido de su padre.
-Bueno, ya no hay de que preocuparse, a partir de ahora, nadie va a volver a rechazarnos y mucho menos a lastimarnos ¿Cierto hija?- volteo y miro a su hija con complicidad. Ella lo miro y sonrió.
-Definitivamente Ottosan, definitivamente.

Y así fue, a partir de esa noche, jamás volvieron a sentirse solos o inseguros, no tenían que aferrarse a nadie, ni preocuparse por agradarle a los demás, si alguien intentaba cambiarlos o atarlos podían rechazarlos sin preocupación, pues sabían que siempre habría alguien que los amaba perfectamente al llegar a casa


crédito de la imagen: @lau_greenskined

Comentarios

Entradas populares de este blog

City of Grey Skies

No se suponía.

Preludio 1: Luke