Un Viernes de 1600

¡Por fin lo encontré! Este pequeño escrito lo realice hace ya como 4 años para una tarea de mi hermana, al igual que otro que ya se encuentra en el blog. Lo publico aprovechando que lo encontré en el fondo de mis archivos y como "preview" de mi proyecto final de Novohispana 1


Leonardo da Vinci suspiró mirando la tarde a través de la alargada ventana de la sala. Eran alrededor de las cinco y él se encontraba un tanto cansado después de la ceremonia de inauguración de la sala que, ahora, llevaba su nombre en, esa, la enorme galería de los oficios. Los Medici eran muy generosos, pensaba el genio mientras se sentaba a la cabecera de aquella gran mesa elíptica, un tanto blasfema para algunos un encargo simple para la familia, dejando que la calidez de la hora se apoderara de sus ojos, dormitando a la espera del verdadero acontecimiento de aquel día.
Cerca de veinte minutos después, Leonardo abrió sus ojos para presenciar un notable cambio en la estancia. Frente a él, en el extremo opuesto de la mesa se encontraba Galileo Galilei y entre ellos, ocupando todos los puestos a ambos lados de la mesa se encontraban catorce grandes mentes, dispuestas para iniciar una velada como ninguna otra. Poniéndose de pie, Leonardo les dio las gracias y la bienvenida a todos, introduciendo a su colega del extremo opuesto quien les informo a sus notables invitados que el propósito de aquella reunión era el más noble de todos, la investigación y desarrollo de los numerosos temas que se exponían, girando sobre una compleja plataforma móvil de madera desarrollada nada menos que por el mismísimo Leonardo y escrita por él, para facilitarle su entendimiento a sus colegas, giraba lentamente en centro de la mesa.
Inmediatamente todos mostraron su entusiasmo, algunos más que otros. Ante la inmensa aportación de ideas por parte de todos, Galileo y Leonardo tuvieron que actuar de mediadores, cada uno en su extremo de la mesa, asegurándose que todos pudieran hablar. Leonard Euler abrió el debate con sus funciones, John Speidell hablando por única vez para nombrar a los logaritmos, rápidamente remplazado por Joost Burgui quien trata de profundizar en ellos. Sin embargo, John Naiper le quitó la palabra sin esperar el permiso de los mediadores, acaparando el tema hasta que Nikolaus Mercator logra recuperar el orden, definiendo a los logaritmos como tales.
Superada esa parte, el joven James Gregory trajo las Hipérbolas a la mesa, Lambert contestándole de prisa, Johannes Kepler y Torricelli siendo los únicos que constantemente aportaban algo, evitando que aquello se convirtiera en una conversación exclusiva, logrando un ambiente fácil de llevar para todos. Euler fue quien de nuevo animó al resto a introducirse al debate, Brook Taylor aprovechado para exponer su serie, modificada por Maclaurin y ambas diseccionadas por Cauchy con lo que nacen los criterios de convergencia, gracias a lo que Euler introdujo las integrales impropias. En ese punto salió a relucir la reciente publicación del Marques de L’Hopital, quien acepto alagado los comentarios, permitiéndole a su protegido Johann Bernoulli, quien había estado haciendo aportes durante toda la reunión, explicar su teorema, este utiliza el de Cauchy como base para la regla del Marques.
Tres horas después de iniciada la reunión, cuando la tarde refrescaba y la noche caía se anunció la cena. Un banquete de diversas carnes como el conejo, res, jabalí y ciervo, cocinados de distintas formas, acompañadas por vegetales frescos del área bañados en aceite extra virgen de oliva, pan blanco y crujiente recién horneado y por supuesto, vino en abundancia.
La comida era tan variada que pudo complacer a todos los paladares, permitiéndoles a los invitados relajarse, pidiéndoles a sus anfitriones que les hablaran de temas que no se habían tocado en el debate. A Galileo sobre el cosmos y él compartió su visión particular sobre cómo los astros no eran perfectos pero se movían en una perfecta armonía geométrica, alrededor del sol y no de la tierra. Por su parte a Leonardo le pidieron que hablara sobre sus pinturas, este explicó la importancia que la luz y sombra juega en la manera en la que se registran las emociones en las expresiones faciales.

La sobremesa se extendió por dos horas, siendo recibidos por una bella noche despejada, el manto de estrellas cobijándolos mientras avanzaban hacía la salida, satisfechos y verdaderamente felices después de una autentica velada de conocimiento.

Comentarios

Entradas populares de este blog

City of Grey Skies

No se suponía.

Preludio 1: Luke