Ciudad de Cielos Grises II

“Claro Amanecer.”


By DiAnn


[Este es el segundo capitulo de mi historia original, de nuevo, se que no es perfecta y de antemano me disculpo por los posibles errores de dedo, ortografía y gramática. Les agradeceré infinitamente si me los señalan y tratare de corregirlos. Espero lo disfruten.]

El cielo azul resplandecía esa mañana y los rayos del sol daban una agradable temperatura a la casa de Jacob, quien, junto con Matías, decidió levantarse después de que su estómago rugiera por quinta ocasión. Había tiempo. A juzgar por las noticas aún faltaban varias horas para que los padres de Matías llegaran, así que podrían preparar un delicioso desayuno.

Jacob recogió su pantalón del suelo y se sentó al borde de la cama para ponérselo, en cambio Matías solo logro incorporar medio cuerpo apoyándose en sus codos.

-¿Qué te pasa?- pregunto Jacob, algo inquieto, al percatarse que el chico no se movía. Matías agacho la cabeza y la mitad de su rostro quedo oculto por su cabello, Jacob se inclinó un poco tratando de distinguir el rostro del muchacho pero solo alcanzó a ver que las mejillas de Matías estaban completamente rojas.

-Matías, ¿Estás bien?- pregunto Jacob nuevamente, ahora más intrigado. Matías suspiro levemente y respondió.

-No puedo levantarme- la voz de Matías temblaba ligeramente. Después de unos segundos Jacob comprendió a lo que se refería y también se sonrojo. La verdad, le daba algo de gracia pero si se reía seguro Matías se enfadaría, así que reprimiendo su risa se levantó de la cama y tomo su camisa del suelo.

-Toma- le dijo a Matías al tiempo que le arrogaba la camisa –Ponte esto y yo te bajare cargando hasta el sofá.

Estas palabras y el saber que realmente no tenía otra opción fueron un duro golpe al sensible ego de Matías, que ya bastantes cosas había aguantado en un muy corto tiempo. No era fácil aceptar de un día para otro, literalmente, que se había rendido al amor que sentía hacia su vecino, que había pasado la noche con él y que ahora debía dejar que lo cagaran estilo princesa hasta el sillón. Era demasiado. Pero no podía hacer otra cosa.

Otro suspiro se escapo de la boca de Matías quien, con cierta dificultad, comenzó a ponerse la camisa de Jacob, la cual le quedaba enorme. Jacob no pudo evitar sonreír como idiota al ver esa escena, pero como no quería parecer, aún, un bobo enamorado decidió fastidiar un poco más al ego de Matías.

-Creo que también necesitas esto- el chico de piel blanca levanto el rostro justo para recibir el impacto de un pedazo de tela color azul, lo tomo y al extenderlo volvió a sonrojarse. Eran sus bóxers.

-Idiota!!!- le gritó Matías al tiempo que le lanzaba las almohadas y todo lo que hubiera sobre la cama, incluyendo las cobijas, a Jacob, el cual salió corriendo y riendo de la habitación y no volvió a ella hasta que dejo de oír los golpes que el menor daba contra el colchón. Al asomarse al interior de la habitación contemplo a Matías tumbado de espaldas sobre la cama mirando al techo con una expresión ceñuda en el rostro.

Dios!! Como le gustaba ese chico!! La imagen del joven tendido en la cama cual largo era, con sus largas y delgadas piernas extendidas, la piel blanca y firme de su vientre, la cual se asomaba por  entre los bóxers y la abertura de los últimos 3 botones de la camisa, e incluso la expresión molesta en su rostro de finas facciones y de piel pecosa le parecía lo mas hermoso que había visto jamás en sus veintidós años de vida, si a eso se le agrega que el chico esta tumbado en su cama, usando su camisa después de haber pasado la noche con él, la imagen se convertía en lo que para Jacob era la definición de sus sueños mas perfectos.

Rápida pero delicadamente Jacob alzo a Maty de la cama, Matías al ser alzado por puro instinto se aferro al cuello de Jacob, pero apenas recupero la compostura volvió a hacer un puchero que mantuvo todo el camino desde la alcoba hasta el sofá de la sala a pesar de que le encantara el sentimiento de protección que le provocaban los brazos de Jacob y la facilidad con que este lo cargaba.

Jacob se sorprendió de lo fácil que le resultaba cargar a Maty, él chico apenas y pesaba. Había cargado a mucha gente en su vida, desde  sus primas hasta pacientes durante sus practicas en los hospitales, pero jamás, salvo a los niños pequeños, se le había hecho tan fácil y placentero, además, jamás su cuello había sido rodeado por unos brazos mas finos y de piel mas suave que los del niño de ojos verdes. El cual ya no era un niño, no debía olvidar ese detalle. Jacob deposito suavemente a Matías en el sofá.

-Bien, tú espera aquí. Iré a hacer el desayuno, ¿Cómo que quieres?- pregunto el mayor.

-No lo sé. Lo que sea. Tengo hambre- El jovencito le dedico una mirada molesta al apuesto castaño que tenia enfrente –Pero más te vale no regresar con un plato de cereal o no volveré a dirigirte la palabra, de hecho aun no se si volveré a hab…- la mano de Jacob cayo pesadamente sobre la cabellera de Matías y comenzó a revolverla con fuerza, impidiéndole al chico continuar hablando

 - Hey!!! Que te pasa?!!- reclamo el menor en cuanto pudo volver a hablar, pero solo alcanzo a ver como la espalda desnuda de Jacob desaparecía al entrar a la cocina.


Matías permaneció con su cara molesta y los brazos cruzados sobre el pecho unos instantes antes de tomar el control y encender el televisor, dispuesto a , esta vez si, ver algún programa para matar el tiempo, pero inevitablemente su concentración era ahogada por la increíble felicidad que lo llenaba en esos momentos, la misma felicidad que lo obligaba a deshacer su gesto enojado y remplazarlo por una sonrisa de oreja a oreja. Después de un rato un delicioso aroma comenzó a llenar todo el lugar.

Jacob no había querido oír el final de esa frase, aun sabiendo que no iba enserio, por eso le había revuelto el cabello con brusquedad y había salido corriendo a la cocina. Una vez ahí decidió hacer una de sus especialidades favoritas, un platillo simple y lleno de significado, al menos para él, tostadas francesas.

La mezcla para las tostadas estuvo lista en poco tiempo y en lo que la mantequilla se derretía y calentaba Jacob lavo algunas uvas y moras, también pico en trocitos fresas y un poco de kiwi para después repartirlas y acomodarlas en dos platos, al hacer esto sonrío, jamás había preparado un desayuno para dos. Cuando la mantequilla estuvo lo suficientemente caliente, Jacob comenzó a dorar las rebanadas de pan y pronto tuvo una buena cantidad de ellas listas acomodadas en una especie de canastilla.

-Oye!! ¿¿Porque tardas tanto?? Tengo hambre!!!- se escucho el grito de Matías mientras Jacob acomodaba la mesa. El chico de ojos azules termino de arreglar las cosas en la mesa antes de ir a la sala a contestarle.

-Ya esta listo- dijo sonriendo – pero debes ir hasta el comedor ¿Quieres que te cargue? – agrego ampliando aun mas su perfecta sonrisa.

-Claro que no!!- grito el de ojos verdes – ¿No puedes traerme el desayuno aquí? Es tu culpa que no pueda ir!!

-¿Solo mi culpa?- Jacob le dedico una mirada divertida y un tanto perversa, mas sin embargo volvió a sonreírle de buena manera antes de continuar- Lo que prepare no se puede comer aquí, anda, déjame cargarte- el castaño se aproximo al jovencito pero este lo detuvo.

-No hace falta que me cargues, solo ayúdame. Y si. Es TU culpa- le replico Matías, pero Jacob alcanzo a distinguir la risita que se le escapo así que solo le extendió la mano, la cual el joven se apresuro a tomar.

Jacob ayudo a Maty a levantarse y este hizo una mueca de dolor, ante esto el más alto lo rodeo por la cintura con un brazo y de esta manera lo ayudo a llegar al comedor.

Matías se dejo ayudar de buenas, y no sin cierto esfuerzo, llego al comedor. Al llegar todo el dolor que sentía desapareció por completo, pues frente a él estaba servida la mesa para dos mas linda que hubiera podido imaginar. El aroma a canela se expandía por toda la casa. Ambos jóvenes se sentaron a desayunar.

-No se cuales sean tus frutas favoritas así que puse todas las que se me ocurrieron- se explico Jacob. Matías, ya sentado en su lugar observaba maravillado todo lo que había sobre la mesa.

-¿Tu preparaste todo esto?

-Solo son tostadas francesas y el jugo  es comprado- contesto Jacob un tanto apenado, pero el chico de pelo negro le contesto con seriedad.

-Hace mucho no las pruebo, siempre han sido mi desayuno favorito, pero a mi mamá se le queman, por eso no las hace – Matías miro a Jacob directo a los ojos y sonrió débilmente, se sentía tonto contándole aquello a su vecino. Sin embargo a Jacob se le inflo el corazón de alegría.

-En ese caso deja de hablar y pruébalas- El chico de piel pecosa lo hizo, sabían de la misma manera que los rayos del sol de esa mañana.

Los jóvenes tuvieron un desayuno muy ameno, conversando de cosas poco relevantes,  y el tiempo pasó muy rápido. El celular de Matías sonó en la sala  rompiendo la mágica atmosfera. El chico se apresuro a contestar, era su madre.

-¿Qué te dijo?- pregunto Jacob después de que Matías colgara con un suspiro.

-Llegaran en menos de una hora- la voz de Matías tembló al pronunciar estas palabras, justo de la misma manera que tembló el corazón de Jacob al oírlas.

-Entonces debes vestirte- Jacob sintió como toda la alegría de esa hermosa mañana lo abandonaba al decir esas palabras.

-Jacob- el nombrado alzo la vista para mirar a Matías, quien hablaba con la cabeza agachada- ¿Qué va a pasar ahora?- el chico alzo la mirada y la clavo en los azules ojos de Jacob- ¿Qué somos?- a pesar del miedo que sentía al formular estas preguntas, se mantuvo firme y no dejo la mirada de Jacob ni un segundo- Anoche me dijiste que me querías, pero si no es así dímelo de una vez, para olvidarlo- trataba de mantenerse serio, de no demostrar debilidad, ni que había sido su primera vez, trato de parecer maduro y fuerte a pesar de que sentía su corazón apunto de romperse.

-Te quiero Matías- Jacob rodeo la mesa y en menos de un segundo ya tenía al jovencito envuelto entre sus brazos –No se que vaya a pasar ahora- lo aferraba por la espalda hundiendo su rostro en el cuello de Matías –Pero estoy seguro de lo que quiero que seamos. Quiero que seas mi novio- Matías se giro para mirarlo con los ojos abiertos de par en par- ¿Quieres ser mi novio Matías?

-Si- el chico solo alcanzó a decir esto antes de que Jacob le plantara un beso en los labios que se prolongo por varios minutos. El primer beso que se daban desde la noche anterior. Se separaron para respirar.

-Ahora si debes ir a vestirte- Jacob hablo sobre los labios de Matías –Porque  si tus padres nos encuentran así, no se como vamos a convencerlos de que no paso nada.

-Idiota- se río, era la segunda vez en ese día que lo llamaba así. Matías se separo a regañadientes de Jacob y fue a darse una ducha rápida. Cuando salió del baño ya cambiado Jacob lo esperaba ya vestido también. Fueron a relajarse en la sala mientras llegaban los padres de Matías.


Ding Dong. Sonó el timbre.


-Maty!!! ¿Cómo estas? ¿Desayunaste? ¿Dormiste bien?- Mercedes se había abalanzado sobre su hijo apenas se abrió la puerta.

-Mamá!!!! Ya déjame!!! Estoy bien!!- Matías gritaba mientras apartaba a su madre.

-Joven Jacob- ahora Mercedes se dirigía al futuro medico- Lamento terriblemente los inconvenientes que le causamos, espero que Maty no haya sido una molestia.

-Por supuesto que no- contesto Jacob usando esa sonrisa especialmente diseñada para agradar a las señoras –Fue un verdadero placer, Matías es una excelente compañía y agradecería si en el futuro lo dejaran pasar algo de tiempo aquí. –Matías lo observaba con la boca abierta ¿Cómo podía ser tan descarado?

-Pero claro!!!- a Mercedes le brillaban los ojos –Seria maravilloso que Maty pasara mas tiempo con un joven tan brillante y amable como usted.

-Mamá!! Que insinúas?!!

-Nada querido, nada- Mercedes río nerviosa y se despidió empujando a su hijo hacia su propia casa- Muchas gracias por todo joven Jacob.

Jacob se despidió con la mano y una sonrisa de Matías, quien solo le dedico una sonrisa discreta antes de desaparecer por la puerta de su casa. Jacob corrió a su estudio, tomo una hoja del escritorio, le escribió algo y la pego a su ventana, después salió del  estudio para darse una ducha. Le hacia falta.

Matías corrió a su habitación apenas logro zafarse de su madre y miro por su ventana, esperando ver a Jacob en el estudio de la casa vecina, pero en lugar de eso vio una hoja de papel pegada en la ventana.


“Deja de espiar por la ventana. Ven cuando quieras. Sabes donde vivo”


Matías se sonrojo al leer esto. Tomo una hoja de papel, escribió algo en ella, la pego a la ventana y cerro sus cortinas. Cuando Jacob regreso a su estudio ya bañado y fresco solo pudo echarse a reír al mirar por su ventana.


“Idiota!!!!


Se podía leer en una hoja de papel pegada en la ventana.

Comentarios

  1. Dime que tienes planeado una tercera parte ;;A;; por favooor

    Tampoco me gusta que Jacob le diga Maty a Matías, parece nombre de nena 8(
    Exijo mi segunda parte, y ¡Ánimo! vas mejorando, aún hay algunas partes que deben mejorar pero la historia esta bien agshaksahshaks

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    Respuestas
    1. Ya tengo la tercera parte lista y estoy trabajando en un intermedio y el capitulo cuatro :)

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