Frío
Autor: DiAnn.
Genero: Angst
Descripción: Pequeñísimo shoot que rondaba mi cabeza a finales del año pasado, decidí ponerlo porque lo encontré en las profundidades de mis documentos. *inspirado en hechos reales(?)*
Esa mañana era fría, igual que aquella hacía 10 años, Max se
ajustó más su chamarra gris, protegiéndose del aire mientras caminaba en
dirección a ese lugar. No estaba muy lejos pero medio inconscientemente iba
habiendo tiempo, reuniendo valor para ir y encarar a Alex. Su rostro enrojeció
rememorando la noche anterior.
Él acababa de volver a ese pueblo donde había pasado casi
cinco años y el torrente de recuerdos que llevaba soportando todo el día lo
llevó directo al bar, dispuesto a beber todo lo que le habían negado por ser
menor en aquel entonces. Iba ya por la quinta botella cuando una mano tomo su
brazo, una suave y firme voz regañándolo.
-Oye chico, es suficiente por una noche ¿No te parece?
-¡Yo diré cuando sea suficiente!- Exclamó el ya bastante
ebrio Max, soltándose del agarre y girando para enfrentar al entrometido.
-Realmente no deberías seguir bebiendo, eres muy joven para
enfermarte por eso ¿No crees?- Insistió el hombre joven de piel pálida y obscuro
cabello largo.
-¡SOY UN ADULTO! ¡Soy mayor de edad y no necesito que nadie
se meta en mis asuntos!- Gritó encolerizado, lanzando su puño justo a los
azules ojos del hombre. Afortunadamente ni su puntería ni su equilibrio eran
muy buenos ya, logrando solo golpearlo en el hombro aunque con suficiente
fuerza como para derribarlo. El bar cayó en silencio.
El hombre de apariencia joven se incorporó del suelo,
acomodando sus gafas y su ropa. Max solo se echó a reír cuando el otro lo miró
reprobatoriamente antes de darse la vuelta y salir del establecimiento.
Max, lógicamente, siguió bebiendo, no recordaba ni cuanto ni
cuánto tiempo. Su memoria recomenzaba hasta aquella mañana, cuando su vecina
había ido a despertarlo, preguntándole, medio intrigada medio escandalizada, si
era cierto que había golpeado a Alejandro en el bar.
La mención de ese nombre fue suficiente para reactivar su
adolorido cerebro, y solo entonces lo reconoció, el cabello negro, más largo de
lo que él recordaba pero igual de obscuro contrastando con su piel clara, los
profundos ojos azul pálido tras las gafas redondas de montura dorada y sobre
todo la suave y firme voz.
Era él, la razón de su regreso, casi seis años después, Ale
tendría 30 ya. Max se dio un golpe en el rostro antes de levantarse y vestirse
de prisa, preguntándole a la chica si Alex todavía vivía detrás de la iglesia,
ella afirmó y sin darle tiempo de decir nada más, salió a la calle.
Y ahora estaba ahí, de pie a mitad de la calle, reuniendo
valor para atravesar la explanada de la iglesia y llegar a las viejas
callejuelas, ¿Cómo iba a disculparse con Ale? Aquel hombre lo había recogido y
criado, siendo apenas un joven de 20 años había logrado cuidar y educar a un
revoltoso niño de ocho. Alejandro había sido su todo, cuanto le había costado
despedirse de él, sintiéndose morir un poco al prometerle cuidarse y besar sus
labios por última vez.
Y ahora regresaba y echaba todo a perder.
Max finalmente hecho a andar por la explanada, abriéndose
paso entre la gente. Un grupo de palomas alzo el vuelo ante el toque de las
campanas y al dispersarse, Max vio unos ojos azules entre la multitud, quienes
lo miraron por una fracción de segundo antes de volverse hacía una pequeña
cabeza castaña a su lado, su pálida mano en el hombro de una niña de unos once
años, quien le sonreía con emoción al mayor.
Para Max la multitud pareció detenerse a su alrededor
mientras veía esa cabellera negra desaparecer en la distancia, el tiempo
perdiendo su ritmo y el frío llegando más hondo al darse cuenta que jamás recuperaría
lo perdido.
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